lunes, 3 de abril de 2017

FRIEDRICH (3) Y LA NATURALEZA. RELIGIÓN Y NACIONALISMO

"El espíritu de Alemania: su sol, su luna, sus estrellas, rocas, mares y ríos"




Esta frase del pintor deja bien a las claras que la Naturaleza era para Friedrich más que paisajes, y entroncaba directamente con un nuevo concepto (el de nación) que estaba surgiendo en los primeros años del siglo XIX.
Como afirma Boime, tras una primer despertar alemán (Goethe) más vinculado a la ilustración, el cosmopolitismo o los modelos italianos, el siglo XIX (y en concreto las conquistas napoleónicas) provocaron un nuevo nacionalismo mucho más apegado al paisaje como verdadero referente de la patria alemana.
Este fórmula paisajista ya no es la añoranza de los clasicistas romanos ni el economicismo de los holandeses ni la dulce armonía francesa, sino una Naturaleza terrible y poderosa llena de acantilados, abetos, robles, grandes montañas, cementerios y abadías semiderruidas que hablan (aunque de una forma metafórica) de la oposición al proyecto ilustrado que traía en su mochilas los soldados napoleónicos.

Esta Naturaleza era, además, un puro fenómeno religioso (que también serviría para hacer germinar el nacionalismo germano).


Inspirado en las ideas pietistas, la Naturaleza se convertía en la representación de la gran obra divina, y aparecía entonces un profundo panteísmo en donde lo divino lo invadía todo y, como vimos en un post anterior, rodeaba y engullía al hombre.

No nos debe extrañar, por tanto, los numerosos altares naturales que pintará Friedrich (el más famoso puede ser el de Tetschen) en donde el drama religioso se renueva en plena naturaleza, fuera de cualquier tipo de ritual ni jerarquía, expuesto tan sólo a la sensibilidad del espectador que ve renovarse el ciclo de vida y muerte de la Naturaleza y lo vincula a su propia vida, siempre con la esperanza de la resurrección.

Una procesión, probablemente un entierro, acude a oficiar sus ceremonias en una abadía que ha sido devorada por la Naturaleza.

La escala y la presencia de una naturaleza escasamente domesticada vinculará este sentimiento con el concepto de lo sublime del que ya hablamos aquí

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