Intenté imaginar cómo sería una civilización humana generada por entidades de IA evolucionadas. Cronológicamente ocurre mucho tiempo después de que los humanos se hayan autoexterminado. Paradójicamente, no utilicé IA para producir la obra, la trabajé con un equipo de cine y fue producida por Ridley Scott’s Black Dog Films.
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El conflicto fundamental fue que, al desarrollarnos científica y tecnológicamente, abandonamos miles de años de conocimiento metafísico y espiritual, lo que nos llevó a una contradicción interna y, finalmente, a la extinción. La entidad que gobierna este mundo intenta unir dos elementos aparentemente opuestos: la productividad del capitalismo y las tradiciones espirituales y metafísicas antiguas. Mezcla lo meditativo con ritmos corporativos, las estéticas empresariales con lo religioso. No existe la violencia, el hambre ni el sufrimiento, pero tampoco el deseo ni el placer. Se alcanza un estado de trascendencia a costa de abandonar el deseo. La obra reflexiona sobre ese precio a pagar.
Tomado de theobjective.com/cultura. arte
