miércoles, 23 de enero de 2013

LOS EXVOTOS ÍBEROS



Testigos mudos y muchas veces olvidados de las salas de los museos arqueológicos, estas pequeñas figurillas son unos objetos verdaderamente fascinantes a poco tiempo que se les dedique

Aunque existen en otros materiales, lo habitual es el bronce realizado con la técnica de cera perdida en un molde de arcilla que se rompe tras su consolidación. Posteriormente pueden ser retocadas con un cincel. A veces pueden ser placas de metal recortadas.
Su altura no suele superar la decena de centímetros y suelen aparecer por cientos en los llamados santuarios

Dichos santuarios se encuentran en lugares alejados de centros de vivienda, vinculados íntimamente con la Naturaleza. En todos ellos siempre aparecen dos elementos: la cueva (o abrigo) como símbolo de lo terrestre y el agua en forma de río y surgencia, todo dentro de una monumentalidad salvaje (Olmos).
En torno a estos dos elementos se suelen crear terrazas por las que discurrirían ciertos caminos ritualizados hasta las zonas votivas (que visto los depósitos encontrados debían ser limpiadas de forma periódica).
Aunque durante un tiempo se supusieron edificios (templos) en sus entornos, hoy en día cada vez se duda más de su existencia.

Alguno de los santuarios más relevantes son: de la Luz (Murcia), Collado de los Jardines (Despeñaperros, Jaén) y Castellar de Santisteban (Jaen), Collado de los Jardines (Jaen), Alcoy…
Las tipologías de exvotos es amplísima, y de la misma forma se multiplican sus explicaciones.
Evidentemente los suponemos ofrendas destinadas a los dioses a cambio de protección, salud o prosperidad, tal y como aún se realizan en nuestros días.
Este significado es evidente en los cientos de miembros (cabezas, piernas, manos,…) encontrados en ellos.
 O este evidente exvoto vinculado con la fertilidad y la potencia sexual tan cercano a las representaciones de Príapo del mundo greco-romano.

En otras ocasiones se tratan de figuras oferentes que enseñan sus palmas que han recibido varias explicaciones. Algunos autores quieren ver en ellas representaciones de la divinidad femenina, en especial las que están tocadas con gorros y otras vestimentas.

Otros ven en ellas simples orantes como ya habían aparecido en el mundo mesopotámico (como vimos en el famosos Gudea) y reaparecerán en el mundo paleocristiano.

 Existen también figuras de jóvenes que algunos han querido ver como ritos de paso de la niñez a la edad adulta.
 
Y evidentemente también exvotos de claro sentido propagandístico en donde se autoafirman las élites a través de sus principales símbolos (caballos, espadas o jinetes).

En cuanto a su estética encontramos una multiplicidad aún mayor: desde las formas más toscas a las más elaboradas). Tradicionalmente se había pensado en una evolución desde las formas más arcaicas a las más clásicas y elaboradas.
Esta división (tan típica de un pensamiento evolucionista) fue respondida por los estudios de Gérard Nicolini en los que propone una multiplicidad de escuelas e influencias como la que sucede en la escultura monumental, como ya vimos en lasfamosas Damas. (Es necesario recordar que lo íbero es más una etiqueta que una realidad, y bajo su nombre se unen pueblos de muy dispares desarrollos e influencias: tartessas, egipcias, griegas, romanas… a través de las colonizaciones griegas y fenicias).

En los últimos años (y dentro del pensamiento posmoderno) se ha hablado también de estéticas en función de tribus y clanes que demostrarían así sus peculiaridades, a veces voluntariamente tosca o antiquizante, más moderna, idealizada…

Lo cierto es que nos encontramos con obras muy dispares que van desde el realismo a la idealización pasando por formas que podría firmar el propio Moore (y que ya analizamos aquí). Os dejo con alguna de ellas para que disfrutéis, ya de los detalles, ya del juego plástico de los volúmenes


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martes, 22 de enero de 2013

Análisis y comentario de SANTA MARÍA DEL MAR. Barcelona


La planta salón de tres naves, con una central mucho más amplia que las laterales (doble) y numerosas capillas entre contrafuertes, resulta sumamente diáfana, especialmente por el escaso grosor de sus pilares. La cabecera se articula por medio de una girola con corona de capillas, en este caso poligonales. En sus pies encontramos dos pequeñas torres circulares con nuevas capillas y un restringido nártex

El alzado, realizado en sillares, se articula de forma bipartita (arquerías con arcos alancetados y clevistorio escasamente calado).


Sus apoyos se encuentran en el muro, los contrafuertes entre capillas y esbeltos pilares poligonales en los que no aparecen baquetones desde su capitel. Resulta importante la escasa diferencia de alturas entre las naves laterales y la central, ampliando así su sensación de diafanidad.

En cuanto a la cubierta ésta está realizada íntegramente por bóvedas de crucería barlongas, de gran vuelo las centrales. 
Nave central
Nave lateral

En cuando a la girola éstas se adaptan al espacio trapezoidal mientras que en la capilla de la cabecera es radial.




La decoración es muy escasa, predominando lo estructural, el gran espacio interno sin apenas obstáculos visuales, frente a lo decorativo.

Comentario.
Evidentemente nos encontramos en el periodo gótico (bóvedas de crucería), en concreto en el gótico mediterráneo (siglo XIV), como podemos ver en la planta salón, los contrafuertes entre profundas capillas, la escasa diferencia de alturas entre naves o el alzado bipartito con escasos ventanales.


Todas estas características son comunes a esta corriente del gótico más meridional que se desarrolla en Italia (Santa María Novella, Santa María de las Flores), Sur de Francia (Jacobinos de Touluosse o catedral de Albi) y Corona de Aragón (Catedrales de Barcelona, Valencia o Gerona; iglesias como Santa María del Pi o la Seo zaragozana). En todos estos ejemplos encontramos claras diferencias con el gótico procedente del Norte de Europa, especialmente por su escasa altura y su interés por la diafanidad de los espacios. Por otra parte, y debido al clima, no es necesario rasgar el muro como es habitual en el gótico francés (Amiens, León) para conseguir el mismo grado de luminosidad (uno de los principales intereses de todo el mundo gótico, que identifica a Dios con la luz, según la filosofía neoplatónica, y a la catedral como una nueva Jerusalén Celeste, por completo distinta al románico y su penumbra que busca el control ideológico a través del miedo).
Al no necesitar tantos vanos también es innecesario el alzado tripartito, así como todo el sistema de sujeción de arbotantes y contrafuertes-pináculos del gótico clásico.
En cuanto a las capillas (su proliferación) podemos entenderlas como una forma de financiar la catedral (vendiéndolas como capillas funerarias o capillas para gremios), lo cual nos vuelve a hablar de la relevancia de la burguesía artesanal y comercial (muy importante en la Barcelona del momento) en este estilo, frente a la nobleza e iglesia monacal del románico.

Este estilo evolucionará a modelos más barrocos en el XV (flamígero) para desaparecer después ante el empuje del Renacimiento. Sólo en el XIX volverá a resurgir en el llamado neogótico.




























domingo, 20 de enero de 2013

LA PRIMITIVA SANTA SOFÍA


Antes de la Santa Sofía bizantina que todos conocemos hubo, al menos, dos construcciones anteriores.
De ellas la que mejor conocemos es la del siglo V realizada por Teodosio y de la que quedan numerosos fragmentos en sus jardines.
Respondía al típico plano basilical del paleocristiano occidental (tres naves separadas por columnatas con ábside central, nártex y atrio, prótesis y diaconicos, baptisterio exento)

Su fachada podría ser de esta manera, con cierto rasgos helenísticos, como el arco central.

Su techo posiblemente fuera de piedra combinada con madera, con casetones como estos, que tanto recuerdan a la basílica del propio Constiniano en Roma.

En cuanto a su decoración encontramos elemetos occidentales, como este friso de los corderos, de clara simbología eucarística y celestial.

Junto a ellos se encuentran otras formas mucho más orientales, como las hojas de acanto puntiguadas (como ya vimos en San Simeón el estilita), con profundo labrado a trépano

Cruces patadas y de brazos iguales