jueves, 30 de octubre de 2014

LOS MOSAICOS ROMANOS DE VILLA CASALE. SICILIA


En el centro de la isla de Sicilia (Piazza Armerina) hay un monumento que nadie debería perderse.
Se trata de un villa tardorromana (en torno a principios del siglo IV) típica del periodo en donde un protofeudalismo hizo que los grandes patricios se retiraran al campo ante unas ciudades cada vez más caóticas y edificaran grandes villas en torno a sus latifundios.

La riqueza de sus propietarios se ve en la amplitud y cantidad de salas construidas, entre las que destacaba un complejo termal completo.

Sin embargo, lo que ha hecho famosa a Villa Casale son sus mosaicos, sumamente bien conservados gracias a la capa de lodo que dejó una inundación antigua.

De ejecución muy irregular (mezclando el opus teselatum de unos con el vermiculatum de otros) sus temas son sumamente variados.

Quizás sean los más famosos los de sus muchachas en "biquini" que juegan despreocupadas.



También nos encontramos otros venatorios.

Narrativos

Mitológicos
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Ave Fénix




Geométricos






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miércoles, 29 de octubre de 2014

EL RETRATO ROMANO DE LA ÉPOCA ADRIANO Y LOS ANTONINOS

Retrato de Comodo como Hércules

Tras el largo periodo Flavio e (incluso el de Trajano, el primer emperador de la nueva dinastía), con Adriano la escultura retratística sufre un fuerte cambio.
Aparece la barba (trabajada a trépano) que se mantendrá en sus sucesores (la dinastía de los Antoninos, como Marco Aurelio o Comodo) y una mayor idealización del retrato.
Cambia totalmente la mirada, en donde el iris se remarca con mayor profundidad (creando así una mirada más potente, como más tarde hará Miguel Ángel en su Moisés) y, unido a ella, una cercanía mayor al espectador.
Retrato de Marco Aurelio

También en tiempos de Adriano aparece un retrato sumamente griego, el de su amante Antinoo
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    FOTOGALERÍA ENLAZADA DE ESCULTURA ROMANA

martes, 28 de octubre de 2014

EL OPUS CAEMENTICIUM ROMANO


Siempre se habla del pragmatismo y de la importancia de los espacios interiores en la arquitectura romana.
Estas características (unidas a la monumentalidad) no habrían sido posibles sin una de las técnicas que revolucionaría la arquitectura antigua: el llamado opus caementicium.

Sillares en opus cuadratum (derecha) y opus caementicium (izquierda)

Se trataba de una especie de cemento hecho de cal, agua y piedras desmenuzadas que, al secarse, tenía una consistencia parecida a nuestro hormigón.
Para realizarlo, la mezcla se hacía a pie de obra y se colocaba moldes realizados en madera (aún podemos ver restos de las formas de sus listones) llamado encofrado .
Encofrado

Este material, sin el peso de la piedra, tenía una resistencia mayor que ésta, y permitía grandes y pesados alzados sobre paredes más reducidas.

Opus caementicium reforzado con arcos de descarga de ladrillo. Panteón de Agripa

También se utilizaba a menudo en las grandes cúpulas (Termas, Panteón de Agripa), utilizando una piedra volcánica (tufo) más porosa y ligera, que permitía quitar peso al conjunto.

Panteón de Agripa

Además, el opus caementicium permitía crear todo tipo de formas, según fuera la forma de su encofrado.

Casetones y estructura realizados en opus caementicium y recubiertos posteriormente por ladrillo.
Basílica de Majencio

Si a esto le añadimos lo barato que resultaba (incluso frente al ladrillo) y la rápidez de su ejecución (especialmente comparado con la piedra que había que tallar), no nos puede sorprender el éxito que tendrá este material.
Se utilizará a partir del siglo II tanto en las grandes construcciones imperiales como en la arquitectura doméstica (Ostia).

Casa de Herculano construida en opus caementicium que posteriormente se cubriría con pinturas o con opus sectile (formas romboidales)

Su único problema será estético.
Aunque hoy lo veamos desnudo (y no nos sorprenda, pues la arquitectura moderna, y especialmente Le Corbusier, lo ha utilizado sin enmascarar), la cultura romana intentaba ocultarlo a la vista a través de piedras hincadas en forma de rombos (opus reticulatum), mármoles o, en el interior, pintura y estucos



lunes, 27 de octubre de 2014

LA MUERTE EN EL MUNDO ROMANO, DE LOS CIPOS A LOS COLUMBARIOS Y SARCÓFAGOS


El mundo romano tuvo, especialmente en época tardo-republicana e imperial, una multiplicidad de cultos en torno a la muerte que , en el fondo, no es sino una consecuencia de la multiculturalidad en la que se fundó, en donde se añadían las creencias de los territorios conquistados siempre que acataran las leyes romanas y el culto imperial (precisamente aquello que no quisieron hacer los cristianos primitivos y que les llevó a las persecuciones durante los primeros siglos).

Durante los primeros tiempos (por influencia etrusca) fue común la incineración.
Las cenizas eran enterradas fuera de la ciudad, en torno a los grandes caminos, e incluso conservadas en los lararios de las casas.



Sobre ellos se erigían cipos funerarios, un simple trozo de columna o pedestal en la que se inscribían epigrafías votivas o epitafios.


Fue también habitual la creación de estelas funerarias en donde se retrataba al difunto o difuntos (a veces una familia) caracterizado su estatus social gracias a las vestiduras.

También fue habitual la creación de columbarios, recintos excavados llamados así por su parecido con los palomares. Múltiples nichos se abrían en las paredes que, a menudo, se decoraban con pinturas, como ocurre en este magnífico ejemplo.




La inhumación nunca llegó a desaparecer del todo (en realidad, era una práctica de las clases más populares) pero fue en aumento en la época imperial (siglo II d C) por influencia directa del cristianismo.
En algunos lugares fáciles de excavar (Roma, Sicilia, Nápoles...) se empezaron a crear las famosas catacumbas (que en un principio fueron totalmente paganas) que abarataban el precio del entierro gracias a crear numerosos pisos subterráneos.


Las clase más pudientes comenzaron a encargar sarcófagos que se nutrieron, como en otros aspectos, de las tradiciones etruscas y helenísticas.
Las tipologías fueron muy variadas y fueron pasando de una moda a otra.
Podemos distinguir alguno de los tipos más representativos.

De strigiles, con las características formas en ese derivadas de los estrigiles, instrumento ya utilizado en Grecia por los atletas para liempiarse el polvo y el sudor del ejercicio (como hace el Apoxiomeno de Lisipo). De esta primera utilidad surgió posteriormente el simbolismo de limpieza o pureza con el que se utilizará en los sepulcros

Sarcófago de strigiles con escena central de pedagogo.



De imago clipeata. Un gran círculo central rodea el busto del difunto o difuntos mientras el resto podía dejarse sin trabajar o elaborar distintas escenas.






De registros, uno o varios, en donde se esculpían motivos mitológicos relacionados con lo funerario (y que se encuentran en relación con el estilo cristalino que triunfa a partir de la segunda mitad del II)

De friso, en donde la escena se realiza por todo el frontal. Fueron especialmente relevantes los creados en el periodo de Marco Aurelio y sucesores con motivos de batallas (Sarcófago Ludovisi o Portonaccio) o temas cinegéticos, con un fuerte trepanado y composiciones abigarradas.



De friso con escena venatoria. En la parte superior encontramos una clara referencia a los sarcófagos etruscos
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Sarcófago de Portonaccio

Columnados. Posiblemente originarios de la zona de Pérgamo, utilizan una estructura de columnas para organizar personajes en los huecos.

Con putti jugando en torno a la imagen o la representación simbólica del difunto



Con la representación de las Puertas del Hades, a la que se añaden retratos o escenas mitológicas (Orestes, Dionisios, Apolo...) relacionadas con el inframundo





Todos estos modelos, a partir de los Edictos de Milán y Tesalónica, fueron empleados por el cristianismo, conservando su estructura y cambiando los temas paganos por otros cristianos, como muy pronto veremos aquí

domingo, 26 de octubre de 2014

UNA CURIOSA GASOLINERA EN OLIVA


Cuántos habrás pasado por delante de ella, camino hacia la autopista o Gandía, e incluso repostado sin saber que se encuentra ante un monumento emblemático (al menos una parte de él, pues la sinuosa cafetería la hemos perdido).

Su autor, Juan de Haro Piñar, conjugó en ella la libertad compositiva que le permitía el uso del hormigon armado (a la manera de Félix Candela o Fisac) para crear un dinámico juego entre las cinco setas de los surtidores (que se apoyan en columnas invertidas) y los paraboides hiperbólicos de la zona de la oficina, creando un espacio dinámico en donde las formas juegan como si fuera un cuadro abstracto pasado a las tres dimensiones.