En un momento pasé mi brazo por su espalda empapada de sudor y pensé en ¿Por qué NO?
miércoles, 29 de enero de 2020
AQUELLAS PRADERAS AZULES . Diana (2). Faemino y Cansado. Cara y cruz
En un momento pasé mi brazo por su espalda empapada de sudor y pensé en ¿Por qué NO?
sábado, 20 de julio de 2024
AQUELLAS PRADERAS AZULES. Sensaciones
Fueron las telarañas de luz en el azul profundo de la piscina.
Fue esa imagen, la geometría imprecisa del sol iluminando la piscina, mientras escuchaba los Beatles en la terraza, la que lo provocó todo.
Escuchaba mientras tomaba un café y, al asomarme, vi la mañana recién inventada y un sol que hacía arder el suelo de gresite de la piscina como una invitación.
El agua tan azul y fría, el sol, la hierba recién regada.
Estaba sólo en la casa y encendí un cigarro para completar el círculo.
EUREKA
No había vuelto a escribir nada con un poco de cohesión desde aquel cuento de amor y rabia con el que había ganado un concurso de la radio y ahora, entonces, estaba frente a mi un cuento nuevo, tan fascinante como imposible para mis pocos años.
Aún así quise intentarlo y en verdad no fracasé, sino que apareciste TÚ unos días después y el mundo cambió de dirección.Ni literatura no hostias. El milagro de tus ojos verdes borró todo lo demás de la faz de la tierra y el cuento quedó olvidado en un cuaderno que quedó en la Sierra en espera de un verano más propicio para contar todas esas sensaciones de calor, frío, agua e hierba, dejadez de lectura tumbado sobre ella, pues de aquello iba verdaderamente la cosa.
El siguiente verano yo sólo podía escribir lo desgraciado que era tras haberlo dejado contigo y luego llegó pronto el frío, porque en realidad, desde ese catorce febrero no se había ido un temblor en los huesos y el dolor de seguir viviendo sin la felicidad una vez conocida ... y perdida.
Por eso hubo que esperar otro nuevo verano en donde, esta vez sí, volví a coger el cuento y, aún sintiendo tu falta dentro lo volví a intentar... hasta que te contrataron (precisamente a tí!!!) de socorrista de la piscina de la urbanización y no pude resistir el bikini azul de infarto que me removió todo por dentro (y no sólo los sentimientos).
Por eso volvió a pasar otro año más y al tercer verano, cuando volvió a sonar Culture Club en mi alma y tus besos, lo conseguimos.
Por la noche escribía mis cuadernos azules recordándote, y luego, más tarde, cuando cesaba el murmullo de la depuradora y se apagaban las faroles interiores de la urbanización, el horizonte de montañas oscuras se llena de estrellas y, con ese Tubulars Bells en los cascos, ir desgranando como un entomólogo un insecto cada una de las sensaciones que ocurrían en el un día de verano, desde las losetas frías en los pies descalzos al levantarse de la cama al café dulzón por las tres cucharadas de azúcar y un toque de frescor por el chorro de limón, como se hacía en casa de Ciprián.
Igual que esos sintetizadores eternamente repetidos sólo sucedía lo que ocurría, sin pasado ni futuro. Sólo un presente sin razones ni sentimientos; puras sensaciones, como el olor de la hierba húmeda de la piscina y el frío enloquecedor del agua tan azul que te arrancaba un pequeño grito, el cuento no investigaba si de placer o dolor.
Pues no quería eso, sino simples estados de la materia, como las gotas resbalando por la espalda como cuchillos fríos mientras el sol comienza a morder la piel con su calor, agujas sonrientes que se tensan sobre la espalda mientras un sueño lo invade todo y, al pasar la mano se siente la toalla y su suavizante y, tras ella, la jungla pequeña de la hierba que va perdiendo su frescor de noche.
Quería contar todo eso, y la risa cristalina de los niños jugando en el agua; el aroma a cloro y frío de las salpicaduras; el aire espeso de resina de las arizónicas que bordeaban el recinto y su sombra seca, acaso llena de ruido, que competía para perder siempre con la sombra de los fresnos que tenían su viento propio, una pequeña brisa que se agradecía tras secarse y sentir la piel acartonada como papel arrugado.
Allí leer un rato pero sin siquiera conocer el título de la obra ni el autor. Sólo esa fragancia del papel que siempre me recordará a mi abuela y el tacto de sus hojas, algunas ingratas en sus bordes que cortan como navajas.
Leer y, después, cerrar los ojos muy fuerte para ver un universo de puntos rojos
(¿Seremos así por dentro?)
Contar todo esto en cinco folios por las dos caras de letra apretada y corregirlo mil veces ese verano con la intención de enseñártelo y nunca hacerlo.
- ¿Por qué? - me preguntarás tú en mi propia imaginación que te pone las palabras de estas conversaciones.
- Por miedo, quizás. Porque no te guste, porque no lo comprendas (y te haga sentir inferior), porque sea una pura mierda.
Da lo mismo por lo que sea, pues lo cierto que siempre te puse excusas y nunca te lo dejé leer.
Ni siquiera yo mismo quise darle más vida que la propia escritura, y no lo pasé a máquina para mandárselo por ese correo literario que manteníamos ese verano Ciprián y yo.
Y quedó en la carpeta azul de Centauro, y en algún momento un rapto de furia me hizo pasarlo a máquina (la Olivetti de color verde caca de niño enfermo) y presentarlo de nuevo a un concurso radiofónico que, por supuesto, no gané.
Era demasiado fenomenológico (diría Lucas si leyera esto); le faltaba alma y sentimientos (concluiríamos Ciprián y yo).
Un puro transcurrir de las cosas que pasan como agua por las piedras, sin penetrarlas nunca. Por eso fracasaba.
Por eso y porque (a veces ocurre) hay narraciones y canciones que necesitan su tiempo propio para crecer y madurar.
Por eso necesité tres años más y un nuevo renacer contigo para, un día en la Pedriza, comprender que este cuento lo había empezado a escribir siete años antes para que se completa en ese mismo momento.
miércoles, 11 de noviembre de 2020
sábado, 28 de enero de 2023
CIPRIÁN. Las barreras del tiempo y la vejez
Pero eso siempre ocurre. Nombrar las cosas, hablar de ellas, es refundar su flujo en el tiempo, darles una vida que tarde o temprano las destruirá. Sólo una cosa se opone a ese envejecimiento: la cópula de mi sexo en tu sexo.
Agustín Fernández Mallo. El libro de todos los amores
sábado, 20 de junio de 2020
miércoles, 9 de septiembre de 2020
Ciprián. Por completo cierto
sábado, 15 de enero de 2022
Ciprián. La verdad de las mentiras o lo que es la literatura
Sebastián consideraba que cuando escribía sobre los demás, sobre personas reales, los copiaba; sin embargo, cuando escribía sobre sí mismo, se versionaba. Copiar personas en un cuento no distaba mucho de conocerlas directamente pues, a fin de cuentas, uno no conocía nunca de verdad a nadie, salvo como fórmula o retrato o cliché, como personaje ajeno; por lo tanto, sólo la versión era autobiográfica. Sabía de lo que hablaba. Pero
Alabanza (Alberto Olmos)
sábado, 2 de febrero de 2019
ÁNIMA MUNDI. Desde el otro lado. Ciprián
miércoles, 23 de diciembre de 2020
sábado, 2 de noviembre de 2019
ÁNIMA MUNDI. Ciprián. Retratos. La risa (Ti posso diventare)
Una risa con destellos metálicos y sin resto alguno de malicia.
domingo, 18 de agosto de 2024
DE OTROS LADOS Aquellas praderas azules. ¿Qué es ser un hombre? Hércules and love affaire
Él lo debió descubrir estando en Italia, muchos años antes que todo aquello de cómo ser un hombre, de vuestras estúpides pero obligatories y aliades deconstrucciones de boquilla y tardoposmodernidad instagrameable que convirtieron el panorama de las relaciones en un tetris en el que era imposible ganar, pues todas las piezas no podían encajar con pura sinceridad.
Me lo contó aún por carta, y me dijo tan sólo; qué lástima no seguir teniendo el programa de radio simplemente para poner una y otra vez esta canción, como aparecía grabada sin parar en el disco que la acompañaba.
Como una gran fiesta ibizenca, decía.
sábado, 22 de enero de 2022
martes, 18 de agosto de 2020
Ciprián. Las tardes madrileñas
Ciprián
sábado, 16 de marzo de 2019
ÁNIMA MUNDI. Ciprián. Conversaciones (1)
miércoles, 7 de octubre de 2020
miércoles, 1 de enero de 2020
AQUELLAS PRADERAS AZULES. Una doble nochevieja
¿Cómo un cuerpo como aquel podía albergar una mente tan pequeña?
-Ya sabes, cuerpo Danone y mente petit suisse - solía decir Ciprián, y era la definición perfecta de aquella chica de tetas exuberantes cuya frase más recordada (muchos años la tuvimos por bandera de ciertas actitudes) era:
(B)vasta yo, y una po(ll)ya
Mientras ella hablaba (¡!), ocurrían entonces terribles acontecimientos. Actos fallidos. Desdoblamientos traumáticos entre el yo y el ello en el varón sujeto a estudio que luchaba sin descanso entre el deseo y el sentido común pues
El único problema es que, tras él, sólo quedaba el vacío. Toda su inteligencia se había gastado en un placer como pocas veces sentí en mi vida. Y tras él solo quedaba el más puro hastío como el que a todos nos sucedió tras la duodécima repetición en cámara lenta de la teta inquieta de Sabrina que saltó del escote a la cámara en el acorde preciso.
Para entonces Sabrina y sus tetas inquietas habían dejado salir el primer pezón en una televisión española para deleite de los abuelillos, que realmente fueron los únicos que lo vieron en directo, pues los demás estábamos en otros quehaceres y el parque, entre unas cosas y otras, más lleno que el propio local pese al frío sin contemplaciones que la mezcla de alcohol, feromonas y una insultante juventud hacían soportable en aquella Nochevieja extraña (todas las que alguna vez merecieron la pena lo fueron).
Después, sólo ragtime.
sábado, 7 de septiembre de 2024
CIPRIÁN. Los libros que nunca escribiré. 10/04/16💙//2024
Contar la historia de un amor que duró mucho menos que el recuerdo pintado en una de las losas del lavadero de pueblo, allí donde se escondían a la atardecida oyendo la cadencia de la fuente y viendo pasar gatos como sombras.
sábado, 15 de febrero de 2025
ÁNIMA MUNDI. LOS LIBROS QUE NUNCA ESCRIBIRÉ (Ciprián)
.
.
Infidelidad de agosto
.
No veo nada
.
Las profundidades de los armarios
lunes, 27 de agosto de 2018
ÁNIMA MUNDI. CIPRIÁN. VIDA DE ARMARIOS
sábado, 2 de marzo de 2019
ÁNIMA MUNDI. CIPRIÁN. Nuestros Cien Años de Soledad
A mí me lo trajo un ángel, mi querido y llorado a Luis. No los trajo a mí, a Solsona y a Lucas, y convirtió aquel verano en uno de los más maravillosos que haya tenido.
Fue todo eso y la enfermedad del olvido transmitida por los animales de caramelo contagiados por el aliento de Rebeca o aquel galeon español varado en medio de la selva.
Tal cumulo de historias como jamas habríamos imaginado en un solo libro que parecía decenas de ellos, uno distinto para cada uno de nosotros
Pues el libro, que entonces nos pareció tan magnífico y perfecto, solo nos empezó a enseñar algunos de sus milagros en aquel verano, y hemos necesitado 32 veranos mas para comprender que es inacabable.
Y ahí estamos todavía








