domingo, 18 de enero de 2015

Lecciones sobre Renacimiento. La Antigüedad como referente

     Como ya hablábamos, la Antigüedad greco-romana será el principal referente del Renacimiento italiano
Hoy vamos a profundizar un poco y ver la amplitud (pero también la complejidad de este fenómeno)
Comencemos con los factores que hicieron posible este proceso.
Las numerosas ruinas romanas que aún permanecían en pie y ya habían llamado la atención de Petrarca en el siglo XIV. A partir del XV se empezará a hacer un estudio y excavación arqueológica de ellas, especialmente en Roma (Brunelleschi, Donatello o Alberti en el XV, o Bramante o Rafael en los principios del XVI). 
Dentro del programa propagandístico de cualquier mecenas se encontrará el gabinete de antigüedades que servirán como forma de aprendizaje de los artistas
El arte renacentista recogerá de ellas los órdenes perdidos en la Edad Media, así como numerosos motivos decorativos y estructurales (grutescos, casetones, frontones, almohadillado, el arco de triunfo), pero todavía aprenderá algo más importante: la idea de belleza como medida y armonía entre las partes. 



Un mundo regido por la matemática y la proporción que se plasmará (entre tantas obras) en ejemplos tan emblemáticos como la fachada de Santa María Novella (Alberti) o San Pietro in Montorio de Bramante en Roma, y que es toda una reflexión sobre Pitágoras, la medida y la armonía universal. 


San Lorenzo. Brunelleschi

Del mundo clásico se tomará también un nuevo sentido triunfal en lo humano (Donatello) que ya analizábamos en el antropocentrismo

Los textos clásicos, muchos de ellos atesorados en los monasterios, que ahora vuelven a salir a la luz gracias al estudio del latín  y las traducciones que hacen de ellos exiliados griegos del Imperio Bizantino en plena decadencia.
 Con ellos la filología clásica se coloca en primer plano (Lorenzo Valla) mientras que la biblioteca se considera como uno de los principales ornamentos que puede poseer un grande. 


Estudiolo de los Medicis en el Palazzo Vecchio de Florencia

Los mecenas encargan la compra (como Poggio para el Vaticano) y copia de estos textos a su corte de humanistas, apareciendo una verdadera industria editorial (Burke), como la que comandó Vespasiano. 
Su lectura y estudio no se queda en una pura erudición, sino que se intentan sacar lecciones para el presente en una idea de recuperación creativa (y no simple copia) de la Antigüedad (el texto de Vitrubio De architecture, será básico para el mundo artístico, Tito Livio para las reflexiones de Maquiavelo o la poesía clásica para la renovación de la lírica que realizará Petrarca). 
Con esta nueva avalancha de textos se romperá el monopolio aristotélico propiciando una visión mucho más compleja y contradictoria del mundo a través de los textos de Platón, Heráclito, Demócrito, Pitágoras. Se revalorizarán, además, como base de la elocuencia y el estilo a Virgilio, Cicerón o Seneca, volviéndose el latín lengua franca  de lo sabios.
Como otros autores, Piero della Francesca utilizó el perfil total en sus retratos, retomando la idea de las monedas y medallas romanas
¿Guidoriccio de Montefeltro?

De tal revaloralización de la escritura se valieron las artes visuales para salir de su escalón de puros artesanos medievales a través del tópico (extraído de Horacio) ut pictura poesis, presente ya en Alberti o Leonardo (Blunt), uno de los pasos de un proceso más amplio que buscaba la reivindicación del artista que culminará de Miguel Ángel.



Retrato de Miguel Ángel

Frente a todo esto hay que hacer una serie de consideraciones sobre la Antigüedad que conocieron y valoraron los renacentistas.
En primer lugar, más que Antigüedad Clásica, deberíamos hablar de Arte Romano, pues el Renacimiento apenas conoció el Arte Griego más que por las copias romanas, y sólo será verdaderamente descubierto a partir del siglo XVIII, en el momento neoclásico. (En el caso de la pintura romana sus restos eran escasísimos, como la Domus Aurea, pues Pompeya aún se encontraba enterrada en la lava y no se empezará a excavar hasta el siglo XVIII)
Por otra parte, su conocimiento era bastante parcial y poco científico (de hecho, Brunelleschi estaba convencido del carácter romano de la iglesia románica de San Miniato) y no se puede hablar de una verdadera comprensión de sus características hasta Alberti (que cotejó la teoría de Vitrubio con las ruinas romanas, muchas tardo imperiales, cuando el estilo comenzaba a adoptar rasgos medievales, como ya estudiamos en la estatua de Constantino).

Hemos de tener en cuenta, además, que el clasicismo antiguo tuvo numerosas vertientes o, lo que es lo mismo, el modelo que se adoptó fue un puro artificio que fue variando a lo largo del Renacimiento.

De esta manera, lo apolíneo fue habitual en el Quattrocento mientras que las formas dionisiacas (más cercanas al mundo helenísticos) fueron los modelos típicos del Manierismo
        
Piedad de la Opera del Duomo. Miguel Ángel

Por último, una consideración más.
No debemos entender al Renacimiento como una copia del arte Clásico. Más bien hay que entender esta emulación como una excusa para salir del arte e ideología medieval y fundar un orden nuevo.
Muchos de los artistas y pensadores buscaron en esa Antigüedad (que en el fondo convirtieron en un mito cultural, una Edad de Oro) los argumentos que les permitieran crear y pensar de una manera diferente, sin renunciar nunca a la invención ni a la novedad. Era, como ya hablábamos en el gótico, una revolución basada en necesidades espirituales en donde lo clásico simplemente era el dedo que señalaba el camino, no el sendero.
Giorgione en su Concierto campestre reinterpreta el mundo Antiguo en forma de Edad Dorada.
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