lunes, 26 de enero de 2015

Lecciones sobre Renacimiento. ANTROPOCENTRISMO Y CONCILIATO


En Florencia, creemos que el gran arte es el estudio de Dios en la Naturaleza. Esa es la opinión de Alberti


Uno de las grandes lecciones que se extrae del mundo clásico es la revaloración del hombre (antropocentrismo) frente al teocentrismo medieval (que ya en parte estaba preparándose en los siglo anteriores con el pensamiento de Santo Tomás y Ockam, la actitud de San Francisco…).



Ya desde Dante, Petrarca o Giotto en el XIV se comienza a valorar la individualidad y la subjetividad frente a las ideas tradicionales. El propio Boccaccio utilizará un arma nueva, la crítica (la burla) como toma de postura crítica y personal ante el mundo (Burckhardt), del que será un maestro consumado Aretino en el XVI con sus pasquines a León X (Burke).

Dos retratos ecuestres en Santa María de las Flores. Castagno y Ucello

Al colocar al hombre como centro se reactivan también ideas clásicas como la fama (tanto en vida como tras la muerte, con la verdadera aparición del retrato o la proliferación de tumbas triunfales y cenotafios como los de Santa Croce, coronación de laureles de Petrarca, biografías como las famosas Vite de Vasari) y la virtú, fuerza moral que es capaz de enfrentarse al destino a través de la razón y la voluntad, convirtiendo la vida en una verdadera obra de arte digna de ser recordada (como harán los famosos condotiere renacentistas). Es por ello fundamental la exaltación de la libertad como forma de forjar el destino[1]. (Véase El caballero y la muerte, Durero)
Autorretrato. Leonardo

Aparece así el hombre universal (Burke), que intenta llegar a conocer todo lo que está a su alrededor, como Alberti o Leonardo, se "inventa" la idea de retrato o  comienza a aparecer el autorretrato (como hará obsesivamente Durero)

         Pese a todo lo dicho, no deberíamos pensar, sin embargo, que desaparezcan Dios o la religión. El movimiento renacentista no niega a Dios, tan sólo lo analiza desde una nueva perspectiva, enriqueciendo su lectura gracias a la razón o la comparación con el mundo clásico (Nieto y Cremades).
    Es, por tanto, un humanismo cristiano, que pone a hombre como nuevo dios en la tierra que gracias a sus cualidades dadas por la divinidad (especialmente la razón) es capaz de entender la creación (una idea evolucionada desde el neoplatonismo)
Ejemplos de esta actitud podían ser tanto la Divina Comedia de Dante (en donde lo divino y lo pagano se mezclan sin posibilidad de separación) como el conciliato de las bellas artes que utiliza el Nacimiento de Venus para hablar del bautismo o convierte a un personaje bíblico (David, Moisés) en un héroe clásico capaz de expresar las pasiones más profundas del alma. 

El propio programa ideado por Rafael para las Stanze vaticanas insiste en esta idea de comparación dialéctica entre el mundo antiguo pagano (La Escuela de Atenas) y el mundo cristiano (Adoración del Santo Sacramento).
En arquitectura uno de los ejemplos máximos de conciliato será San Pietro in Montorio de Bramante

Junto a ello es relevante la reaparición del desnudo, aunque siempre bajo la coartada de la ilustración de las fábulas clásicas (Ridao)





[1] La suerte es hija del Alma (Pico della Mirandola)

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