sábado, 28 de marzo de 2015

GÉRICAULT. RETRATOS DE LOCOS


Aunque no sabemos a ciencia cierta el origen de esta serie (acaso un encargo de doctor Etienne- Jean Georget quien, a la sazón ocupaba el puesto de médico-jefe del antiguo hospital parisino de la Salpêtrière, como afirma Juan Diego Caballero), lo que nos importa especialmente es el propio tema, tan especialmente romántico.
Evidentemente, si el Romanticismo huye del sueño fracasado de la razón (desde la Ilustración hasta la revolución francesa o industrial) y se apoya en la imaginación, es lógico que comience a transitar por terrenos como el sueño (como los famosos Caprichos de Goya), lo brujeril o la locura (Este tema ya lo analizamos con mayor profundidad aquí).

Esa locura es el anverso de la lógica y representa el mundo de lo sublime dentro del ser humano. Unos terrenos oscuros e inexplorados que, como antecedente inmediato, ya veíamos aparecer en las famosas Carceri de Piranesi o en las Pinturas de Gabinete, los  Disparates y las pinturas Negras de Goya.


Cárcel de locos. Goya

Es un abismo al que el pintor se asoma sin excentricidades pero tampoco sin complacencia. Utilizando el típico retrato psicológico barroco, bucea en el interior de estos ojos perdidos, buscando, más que explicaciones, empatías.
Se aleja así, curiosamente, del mundo barroco, que también se ocupó de la locura (sus famosos bufones barrocos de los que ya hablamos aquí, concebidos como rarezas de la Naturaleza, puros pasatiempos) para iniciar un fértil campo de investigación para el arte moderno.
Sólo hace falta pensar en Van Gogh y su escrutinio minucioso de su rostro para rastrear los progresos de su enfermedad mental.

Van Gogh. Autorretrato

O Munch, prisionero entre la enfermedad, la muerte y la locura, como es evidente en su famoso Grito.
Un campo que los surrealistas investigaron como pocos, utilizando el delirio como método (el paranoico-crítico de Dalí), o haciendo de la locura lúcida todo un arte (Magritte).
El art Brut (de locos, de niños) de Dubufet

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