lunes, 18 de mayo de 2015

ROBERT MORRIS Y EL POSTMINIMALISMO


El arte minimal, en su idea de reducida intervención del artista (puramente mental) y la reducción de las formas a la esencialidad y la seriación, llegó a un callejón sin salida.
Ante ello, los propios minimalistas (como Morris y posteriormente Serra) buscan nuevas salidas al movimiento a través de distintas estrategias (la antiforma o el retorno a los materiales de Serra, la unión con la performance, el estudio de la gravedad, la estabilidad y sus límites...)
En esta línea (y de una forma muy temprana, 1961), Morris plantea un típica estructura minimal (reducida a la pura esencialidad, sumamente arquitectónica a la hora de definir los espacios circundantes o interiores) a la que añade la participación del espectador (que ya se encontraba implícita en el arte minimal, aunque ahora sumamente dirigida)
Las dos paredes en forma curva se van aproximando lentamente mientras el espectador se aventura entre ellas, con una progresiva reducción de la luz blanca, que nos llevará hasta... Miradlo por vosotros mismos.
Mientras el espectador realiza este corto paseo, se ve acompañado por un sonido cada vez más evidente, los latidos de un corazón humano.
Son todas estas sugestiones las que superan el simple conocimiento cenestésico que proponía el arte minimal, introduciéndonos en sensaciones mucho más complejas, que pueden variar (según el espectador, imprescindiblemente activo) entre la angustia claustrofóbica, el temor, la placidez de la protección del lugar...
Morris así está planteando nuevas formas artísticas que desarrollará Serra (Arco doblado, espirales...) a mitad de camino entre la escultura y la arquitectura.

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