viernes, 22 de abril de 2016

EL PAISAJE PINTORESCO



Jenaro Pérez Villaamil (XIX)
Tomado de wikipedia

El concepto estético de lo pintoresco surge en el Reino Unido en el siglo XVIII, un momento ambiguo en el que se entrecruzan el rococó inglés (bastante particular frente al francés) y el prerromanticismo.
Autores como Joseph Addison,  William GilpinUvedale Price o Richard Payne Knight irán creando la teoría sobre este concepto que habríamos de relacionar con ideas como la singularidad, irregularidad, extravagancia, originalidad, la forma graciosa o caprichosa de determinados objetos, lo exótico, la bruma y una humedad que nos envuelve... que provoca en el espectador una sorpresa amable que le invita a investigar pero sin provocarle ningún tipo de zozobra.
Esta categoría muy pronto se unirá íntimamente al paisaje, tanto en la jardinería como en la pintura de paisajes.

Rousseau. Escuela de Fontainebleau (XIX)

Su origen es complejo, pues en su gestación concurren varios fenómenos.
Por una parte nos encontramos con el paisaje rococó, tan profundamente aristocrático como frívolo y sensual, en donde la naturaleza sirve como escenario amable a los ritmos pausados de la corte, tal y como puede verse en los cuadros de Watteau o los cartones para tapices de Goya.

Watteau (XVIII)

Por otra parte, Rousseau y su escuela influyen decisivamente en la nueva apreciación de la Naturaleza, vista de una manera positiva, en donde es posible la regeneración del hombre que ha de encontrar en ella sus raíces más profundas y encontrar el equilibrio.
En tercer lugar se encuentra la influencia de lo oriental. La llegada a Europa de paisajes chinos, especialmente a tinta, llenos de un ambiente vaporoso, de contornos imprecisos y múltiples senderos que se ocultan y aparecen, llena la imaginación de los pintores occidentales.
Courbet. Arroyo Breme (Realismo XIX)

Todas estas ideas comienzan a tomar forma en los autores (¿tardobarrocos, rococós, prerrománticos?) de mediados del XVIII como Gainsborough o Reynolds que, tomando como modelo la pintura de Murillo y Van Dyck, rodean a sus personajes de una naturaleza humanizada pero singular que tiene, además, un sentido propagandístico, dada la afición a las casas de campo rodeadas de jardines informales que se están convirtiendo en un emblema social de la nobleza de las islas.
Gainsborough (XVIII)

En el resto de Europa serán más importantes los modelos del barroco clasicista (Carracci, Lorrena, Poussin) que plantean un paisaje bucólico animado por pequeñas figuras que entronca con el mito de la Arcadia feliz (y aún más anterior, la nueva visión que desarrolló sobre el paisaje la pintura veneciana del Renacimiento, en donde hombre y naturaleza se funden en una armonía perfecta) siendo sus modelos más acabados las famosas vedutte venecianas

Guardi (XVIII)

Todos estos presupuestos generan una verdadera moda de lo pintoresco que se plasmará en los jardines (informales frente al racionalismo francés, lleno de ruinas que evoquen suavemente el paso del tiempo, con multitud de rincones, cuevas, florestas en donde pasear de forma nostálgica pero despreocupada)

Casita del pescador en el Retiro, junto a sus rocallas y ruinas un perfecto jardín pintoresco



En el terreno de la pintura su influencia será fundamental en el romanticismo, constituyendo las antípodas del paisaje sublime que ya vimos aquí, y se cultivará por Turner, Constable, Corot, Rousseau y la escuela de Fontainebleau, llegando hasta el propio impresionismo


















                                            Corot (XIX)

Especialmente en España este pintoresquismo entroncará con el costumbrismo idealizado, como ya analizamos aquí.


Para saber más

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