miércoles, 27 de abril de 2016

RUSSOLLO. DINAMISMO DE UN AUTOMÓVIL



Todo se mueve; todo corre; todo se torna veloz. La figura nunca está inmóvil ante nosotros, sino que aparece y desaparece incesantemente. Por culpa de la permanencia de la imagen en la retina, las cosas en movimiento se multiplican, se deforman, sucediéndose, como si de vibraciones se tratara, en el espacio que recorren. Así, un caballo a la carrera no tiene cuatro, sino veinte patas, y sus movimientos son triangulares. En el arte todo es convención, y las verdades de ayer son hoy, para nosotros, puras mentiras


Manifiesto técnico de la pintura futurista




Como ya hablamos en el artículo general que le dedicamos al futurismo, la expresión del movimiento como nueva idea de la modernidad es uno de sus puntos básicos, y tanto Balla como Russolo son los autores mejor dotados para desarrollarlo.

En esta obra, verdaderamente arquetípica, se recurre a las técnicas de la cronofotografía aparecidas a finales del XIX (imágenes consecutivas del movimiento de un motivo) para conseguir el verdadero dinamismo.

Se trata de visiones de perfiles repetidos a los que se añade (gracias a las formas angulares y el cromatismo que une con valentía colores complementarios y contrarios) una fuerte sensación de avance que olvida verdaderamente al objeto para centrarse en su desplazamiento (de la misma manera que los impresionistas dejaban a un lado el motivo para fijarse en la luz sobre él)

Russolo, además de pintor, fue músico, y a él se debe  la aparición del ruidismo o música de los ruidos, como él mismo definió en el oportuno manifiesto que podéis ver aquí


Atravesemos una gran capital moderna, con las orejas más atentas que los ojos, y disfrutaremos distinguiendo los reflujos de agua, de aire o de gas en los tubos metálicos, el rugido de los motores que bufan y pulsan con una animalidad indiscutible, el palpitar de las válvulas, el vaivén de los pistones, las estridencias de las sierras mecánicas, los saltos del tranvía sobre los raíles, el restallar de las fustas, el tremolar de los toldos y las banderas. Nos divertiremos orquestando idealmente juntos el estruendo de las persianas de las tiendas, las sacudidas de las puertas, el rumor y el pataleo de las multitudes, los diferentes bullicios de las estaciones, de las fraguas, de las hilanderías, de las tipografías, de las centrales eléctricas y de los ferrocarriles subterráneos.
Tampoco hay que olvidar los novísimos ruidos de la guerra moderna. 

¿Os atrevéis a escuchar algunas de sus composiciones?
Tenéis una aquí (pasad al minuto 1)




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