domingo, 27 de noviembre de 2011

LA FONTANA DE TREVI. UN ANÁLISIS PARA CONOCERLA CON MÁS PROFUNDIDAD



Su creador no es demasiado conocido, Nicola Salvi, y su época se sale ya del momento más creativo (pues se inaugura oficialmente en 1762), pero en esta fontana late todo el gran barroco de Bernini, de Borromini, de Cortona…, el mecenazgo de los papas, el convencer a través de los sentidos sobre el origen del poder.



La primera sorpresa la tendrá el visitante ante el tamaño de la fuente, realmente monumental, aún más grande al chocar con el espacio en donde está incluida, una pequeña plaza irregular a la que siempre se llega de forma oblicua. Salvi recoge así las enseñanzas de Bernini (en el proyecto nunca terminado de cerrar la plaza del Vaticano) o Cortona con Santa María de la Paz.



Santa María de la Paz. Pietro da Cortona
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El arte es sorpresa; el arte no se encuentra tan sólo en el propio objeto artístico sino en el entorno en el que se contempla. De esta manera la Fontana tiene en cuenta tanto a la ciudad como al visitante, jugando con ellos, sus espacios y sus percepciones.
La segunda sorpresa (un poco más tardía) será comprobar que la fuente nace del propio palacio Corsini. Como si fuera un organismo la piedra de los sillares parece crear tentáculos de piedra, recordando a tantos otros trucos de trampantojo que suceden en Roma. En realidad es, de nuevo, la herencia de Bernini (sobre todo de su fuente de los Cuatro Ríos) en donde la piedra de travertino levemente devastada (herencia a su vez del non finito de Miguel Ángel) surge de las aguas como una nueva naturaleza suavemente domesticada en medio de la ciudad.
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Junto a esta naturaleza pétrea surge la del agua, la perfecta metáfora barroca por su perpetuo movimiento y sus sugerencias sensoriales (luces reflejadas, sonido, sensaciones de frescor…). Sus torrentes aparecen por doquier y juegan con la piedra creando sinuosas caídas hasta llegar al estanque en donde se calman y se multiplican los juegos de reflejos partidos, las ondas de colores, la realidad siempre tan compleja que cambia de un segundo al siguiente.
Piedra, agua, palacio y…, por supuesto, esculturas. Realizadas en mármol de Carrara se crea toda una serie de símbolos que hablan del mecenas y sus poderes.
En la parte superior campea el escudo del papa entre dos famas aladas de tocan alegres sus trompetas; el triunfo romano que la iglesia (como en tantas ocasiones) cristianizó.

Bajo ella cuatro esculturas de bulto redondo representado las cuatro estaciones, el paso del tiempo, circular y cíclico (como el agua)


A ambos lados de la figura principal dos relieves que nos cuentan el origen de esta acqua Vergine, cuando los soldados de Agripa la descubren gracias a una zahorí y el propio Agripa ordena la creación de su encauzamiento.
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Otras dos figuras de mayor tamaño muestran los beneficios de esta agua: la salubridad (la serpiente, como todavía ocurre en el símbolo de las farmacias se asociaba a Esculapio, el dios de la medicina)
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Y los bienes materiales que aportan (fijaros en el cuerno de la abundancia)
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Y al fin el lugar central bajo un arco triunfal. La figura del océano como un verdadero titán que vuelve a recordar tanto a las figuras de Bernini como las de Miguel Ángel.
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Bernini. Fuente de los Cuatro Ríos
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Como una exquisitez en medio de tanta grandiosidad, las conchas en las que se sustentan juegan con un claroscuro repetido como pequeños brocados inspirado directamente en Borromini



A ambos lados, creando un triángulo central que atrae la mirada, dos tritones tocando sus caracolas que intentan domar a los caballos marinos alados que arrancan furiosamente hacia el espectador, chapoteando ruidosamente en el agua.


Esculturas alegóricas, históricas, representativas; agua, piedra, arquitectura; ciudad y espectador. ¿Se puede pedir algo más? Sí, que los visitantes se dejen atrapar por tanto hechizo y no se limiten a hacerse una foto tirando la moneda y disfruten del arte en estado puro.

2 comentarios:

  1. ¿ES OCEANO O BIEN ES NEPTUNO?
    gracias por estas maravillosas fotografías y apasionados comentarios.

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  2. Toda una aventura en observar la fuente.

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