jueves, 6 de junio de 2013

CILDO MEIRELES 1. Arte conceptual pero comprometido


El actual premio Velázquez  es un artista de larga obra que nos proponemos explorar en alguno de os post
En este primero quisiera hacer un breve recorrido por algunas de sus obras más comprometidas en donde lo conceptual no le impide ejercer una clara crítica hacia los excesos del capitalismo, el militarismo o cuestionar las ideas de honestidad o intimidad.
Comencemos por Olvido, una instalación poderosa en una tienda india (forrada de billetes) se encuentra rodeada por un círculo de velas que aprisiona a otro de huesos.

El significado parece bastante evidente: el genocidio de lo indígena en América a manos del dinero y la religión.

Famosas también han sido sus intervenciones (que se aprovechan del propio mercado para criticarlo) como sus Inserciones en circuitos ideológicos. En ella utiliza objetos icónicos del capitalismo (como los billetes de dólar o las botellas de Coca-cola) que modifica (cambia el valor de los dólares a 0, introduce mensajes como Yankis go home en las botellas de Coca-cola) y vuelve a reintroducir en el mercado, generando una crítica sobre nuestro propio sistema económico.


El militarismo imperante en América latina es el tema de algunas de sus obras más potentes, como Tiradentes (en donde diez gallinas vivas fueron atadas a una estaca, se las rocío de gasolina y se las quemó, igual que se hacía con los presos políticos) o Amerikka, obra que ya hemos analizado en Geobiombo.


Sin embargo, si tuviera quedarme con una sola obra, ésta sería Ocasión: una habitación llena de espejos en cuyo centro se encuentra una palangana llena de billetes.
El ambiente, cerrado por unas cortinas, nos pone ante nosotros mismos, nuestras creencias y controles. ¿Cogeremos el dinero ahora que nadie nos ve? ¿Seremos capaces de hacerlo y vernos reflejados en los múltiples espejos cometiendo este acto del que renegaríamos en público? ¿Cuánto somos de honestos?


Como veis el tema no puede ser de más actualidad, y aún tiene una vuelta de tuerca más.
Si salimos de la instalación y entramos tras una cortina contigua nos encontraremos en una sala gemera que (como los famosos interrogatorios de la tele) nos permite ver lo que ocurre en la primera de las salas.
De actores pasamos entonces a espectadores. ¿Nos dejaremos llevar por el voyerismo? ¿Esperaremos la entrada de otros para saber de ellos, vigilar sin ser vistos? ¿También en esto seremos honrados o nos dejaremos llevar por nuestras pasiones más escondidas?


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