lunes, 22 de diciembre de 2014

LOS JACOBINOS DE TOULOUSSE. GÓTICO MEDITERRÁNEO EN ESTADO PURO


Junto a la gran iglesia románica de peregrinación de San Sernin que ya vimos aquí, Toulousse tiene otra gran joya medieval, la iglesia del convento de los Jacobinos.
Su realización obedeció a la necesidad de ampliar la capacidad del primer convento dominicano (creado por el propio Santo Domingo) de Saint Romain.
Se inició así una ambiciosa construcción que ocupó todo el siglo XIII.
La iglesia en concreto fue realizada en dos grandes fases, siendo la segunda la que creó su espectacular cabecera.

Realizado en ladrillo (habitual en la ciudad), su exterior es toda una nueva manera de entender el gótico.
Como ya analizamos aquí, este gótico mediterráneo apuesta por una estética muy diferente a la septentrional, reduciendo la altura de los edificios (que pasa de 1/3 a 1/2) y la zona dedicada a vanos (simplemente comparad esta imagen con la Sainte Chapelle).

Frente a los grandes ventanales encontramos pequeños huecos que se abren entre los contrafuertes, abandonando los habituales arbotantes (como podéis ver los contrafuertes se encuentran pegados al muro, permitiendo, en su interior, la apertura de capillas).
Se abandona también el alzado tripartito, eliminando el triforio para crear otro simplemente bipartito (capillas y clevistorio).

Al interior la arquitectura se desarrolla con una sencillez que maravilla (es en gran parte una herencia cisterciense que tan bien convenía a esta nueva orden), con un gran espacio diáfano (perfecto para la predicación dominica) que sólo se apoya en una fila de grandes pilares circulares de los que han desaparecido los baquetones.
Sobre ellos las bóvedas barlongas de forma cuadrada se abren sin otra decoración que la policromía de sus nervios y plementos.

La exquisitez llega a su máxima expresión en su cabecera, tan sobria al exterior, que al interior se genera (en altura) como una esbelta palmera de nervios radiales que se adaptan a la curva del ábside por medio de una serie de bóvedas triangulares cóncavas y convexas, como si fuera una girola que en realidad no existe.

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Fotografías: Berthold Volberg
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