viernes, 29 de abril de 2016

PICASSO. CERÁMICA Y TAUROMAQUIA (1)


 Picasso amó la tauromaquia tanto como espectáculo (al que era asiduo en las plazas francesas) como simbolismo. Un simbolismo complejo en el que se imbricaban los mitos mediterráneos (el Minotauro, la belleza violenta o el amor a una España a la que había decidido no regresar más mientras estuviera Franco en el poder).
Sus orígenes visuales hay que buscarlos en la Tauromaquia de Goya.


Por otra parte, Picasso, incansable buscador de nuevos medios de expresión, descubrió la cerámica de forma tardía en Vallauris. En 1944, y en un viaje para revisar unas planchas de grabado, fue invitado a Casa-taller de Cerámica Madoura de Suzanne y George Ramié

Desde entonces producirá una ingente cantidad de cerámicas pintadas en las que desarrolló temas paralelos a sus cuadros y grabados.
En el museo de arte moderno de Ceret (población que estaba unida a los orígenes de su experiencia cubista), se encuentra una donación de cerámica basada en la tauromaquia que analizaremos en dos post.


En este primero nos fijaremos en una serie de platos que realizó sobre molde (por tanto, más escultóricos que pictóricos)

En ellos Picasso dibujaba con su punzón en la arcilla fresca, recorvirtiéndose los volúmenes (como si de un grabado se tratara).

Con esta técnica y sin utilizar más que el color negro que se colocaba tras su secado, Picasso vuelve a demostrar su enorme maestría a la hora de dibujar sintéticamente, apenas si unos trazos esbozados y unas manchas para conseguir una verdad intensa, llena de movimiento, en donde el toro y el torero efectúan casi un baile de ballet



































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