jueves, 12 de enero de 2017

CORREGGIO Y LA PINTURA ILUSIONISTA


Tras los primeros tanteos realizados en la Camera de San Paolo (en donde podemos observar uno de sus grandes referentes, la obra de Mantegna en la Cámara de los Esposos que contemplara en Mantua), su primer obra maestra serán los frescos del altar (reconstruidos) y de la cúpula de San Juan Evangelista de Parma.

Especialmente en su cúpula funde los estudios de perspectiva de Mantegna con el smufado leonardesco, las figuras romanas (rafaelescas y miguelangelescas) y la importancia de la luz como elemento unificador, consiguiendo un espacio ilusionista en donde Cristo se eleva en su Transfiguración sobre las cabezas de los apóstoles, colocados en la zona de tambor, sobre una balaustrada figurada.

























Sin embargo, la obra queda empequeñecida por su obra maestra, la cúpula de la catedral de Parma
En ella mantienen las influencias anteriores a las que añade un diseño totalmente revolucionario que renuncia a la arquitectura para componer a través de grupos que ascienden como grandes anillos hasta la parte superior.





















La sensación de ingravidez y ascensión o el uso redoblado de la luz tanto como componente formal como iconológico (la gloria divina que desciende desde la Asunción superior) serán claves para conformación del barroco decorativo del siglo siguiente.
Su influencia será fundamental tanto para los pintores clasicistas de la escuela de Carracci




















Lanfranco. Duomo de Napóles

Como en el verdadero artífice del estilo, Pietro da Cortona



























Cúpula de la Chiesa Nuova. Roma. Pietro da Cortona

Imágenes de Correggio, cortesía de Juan Aranda

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