martes, 24 de enero de 2017

DE SIBILAS Y PROFETAS. LA CAPILLA SIXTINA Y RAFAEL


Ya hemos hablado en otra ocasión de la permeabilidad de Rafael a los estímulos concretos, especialmente (en su etapa madura) a la obra miguelangelesca.
En este sentido podemos hablar de dos periodos. En un primer momento (y como ya vimos aquí) Rafael toma sugestiones de la Pietá del Vaticano o del Tondo Doni.
Sin embargo, esto tan sólo son citas, resultando mucho más relevante la influencia que ejerció la Capilla Sixtina que Miguel Ángel estaba pintando mientras él decoraba las Stanze.
Sabemos que, pese a la negativa de Miguel Ángel, Bramante le enseñó en secreto las pinturas (aún en plena realización) del florentino, influyendo desde entonces decisivamente en su obra.

Stanza del Incendio del Borgo

Además de las Stanze (que podéis ver aquí), Rafael retomó la musculatura reforzada por los paños y el poderío físico de Miguel Ángel para dos obras de la ciudad.

La primera será la decoración de la capilla Agostino Chigi en Santa María della Pace. Este banquero, íntimo de Julio II, se convertirá en uno de los mecenas particulares más importante de Rafael, encargándole obras también en la Farnesina o en su capilla funeraria de Santa María del Popolo que ya vimos aquí.

Sólo hace falta mirar las imágenes (que se pueden ver desde el patio de Bramante) para ver cómo el color y la terribilitá muscular de Miguel Ángel está presente en ellas.

De la misma manera, volverá a recoger la lección del florentino en el fresco de San Ambrosio, en donde realiza un profeta (Isaías) que retoma la lección del Torso del Belvedere a través de Miguel Ángel, combinando su enorme presencia con un estilo más propio en los delicados putti que le acompañan























Esta influencia será duradera (aunque progresivamente atenuada y utilizada sólo en momentos precisos) hasta su muerte, como puede verse en la sibila de la Transfiguración

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