lunes, 14 de mayo de 2018

ANDY WARHOL COMO OBRA DE ARTE


Entre las múltiples extensiones del quehacer artístico de Warhol es importante destacar la creación de un personaje, él mismo, que convertirá en obra de arte.
Los orígenes de esta actitud hay que buscarlos en la figura tardía de Salvador Dalí que ya analizamos aquí, en donde el artista se desdobla y proyecta una imagen perfectamente calculada hacia el exterior, convirtiéndose en sí mismo en una obra de arte, siempre polémica, nunca neutra.
Warhol seguirá su ejemplo por varios motivos.

Uno podría ser puramente personal, su propia timidez.
Al postularse como una obra artística, el pintor interpone máscaras entre el mundo y él mismo, protegiéndose. De esta forma sus características pelucas o las sempiternas gafas de sol son simples disfraces que le preservan de la dura realidad y le permiten sobrevivir a uno de los grandes demonios de la modernidad: la fama (la misma que acabaría con su adorada Marylin).
Por otra parte, Warhol comprende rápidamente el nuevo papel de los mass media (que él mismo colaboró en su creación ideológica, pues no en vano antes de ser artista había sido un exitoso publicista) dentro de las sociedades de capitalismo avanzado y su vinculación con el mundo del arte (y su comercialización).
En estos nuevos canales de comunicación prima el éxito, por lo que convertirse en superestrella era, simplemente, la nueva manera de autopromoción.

Pero, no sólo eso.

Warhol sabía perfectamente (pues lo utilizaba constantemente) que estos medios de comunicación no comunican la realidad, sino una versión parcial y manipulada de la misma, adecuada al público y a múltiples intereses económicos y sociales. Era necesario, por tanto, crear una verdad aparente, adecuada, antes de que los demás lo hicieran por él.
En este sentido Warhol es uno de los primeros en comprender los mecanismos de la posmodernidad, creando un simulacro de él mismo, mucho más eficaz que la imagen "verdadera".

En él, Warhol superaba la idea tradicional del artista (heredada desde el romanticismo) como genio personal, para convertirse en un extraordinario mediador cultural que proponía, reutilizaba ideas, manipulaba y hacía públicas las cosas que la gente quería ver (aunque realmente no supera antes de verlas).

De aquí la creación de mitos (pues no fueron realmente así) como su aparente despego de la técnica (era un magnífico dibujante), la delegación de las tareas en su grupo de colaboradores (en realidad tan sólo trabajaba como un verdadero taller renacentista o barroco, como un Rafael o un Rubens) o la sensación de que él tan sólo participaba en eventos y fiestas (en las que sus apariciones estaban perfectamente calculadas, incluso usando dobles, para crear un aura de maravilla a sus apariciones, la misma que tenían las grandes estrellas del cine).

En realidad, y aunque parezca paradójico, no se encontraba tan lejos de su antítesis, pero también su amigo, Beuys, tan sólo le separaba los referentes, Beuys practico el papel de artista-chaman dentro de la vertiente espiritualista presente en la Europa de postguerra mientras que Warhol se lanzaba hacia delante para superar el propio capitalismo que le podría atrapar, colocándose por encima de él para (después) efectuar una demoledora crítica del mismo (poco aparente en una primera lectura pero cada vez más evidente)






























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