martes, 24 de marzo de 2015

DAVID. LA CORONACIÓN DE NAPOLEÓN


David, además de representar el movimiento Neoclásico, es un perfecto ejemplo de cómo se puede evolucionar a pintor de ideas  a pintor oficial, un viraje realizado en las Sabinas.
Hace ya tiempo comentamos su famoso Juramento de los Horacios, y vimos cómo se convirtió en un verdadero manifiesto de la futura revolución francesa, al loar el valor y el imperio del deber frente a cualquier tipo de sentimientos o lazos familiares (curiosamente, el cuadro fue encargado por el propio rey con la misión docente de poner de relieve la obediencia al poder constituido, es decir, la propia monarquía).

Juramento de los Horacios

Desde este cuadro (y otros tantos que loaban las distintas fases de la revolución, como el Juramento del Juego de la Pelota o la Muerte de Marat que siguieron la propia evolución política del pintor, que terminó por formar parte del Comité de Salud Pública), David pasará a convertirse en pintor real de un nuevo rey, Napoleón.

Juramento del Juego de la Pelota

Regresamos entonces al antiguo cargo barroco (Velázquez, Rubens, Van Dyck) al mismo tiempo que recurre en mayor intensidad a este estilo y su necesidad de propaganda (escenario, arquitecturas efímeras, vestuario, número de figuras, juego de luces...)
Se enriquece así el cuadro con un mayor colorido, especialmente cálido, o se evita los tradicionales (e ideales) fondos clásicos para dar una mayor monumentalidad a la escena (que sucede en una Notre Dame transfigurada por cortinajes y formas barrocas; toda una tramoya realizada por el propio pintor para la Coronación, como ya había planificado las fiestas de la época de Robespierre, y que necesitó de una maqueta tridimensional para realizar el cuadro).

  La autocoración del emperador no fue un rasgo espontáneo sino largamente ensayado que quería remedar el episodio de Napoléon. Para Boime también puede interpretarse como la visión que tenía sobre las mujeres, con una emperatriz que parece orar ante él

Se rompe también la tradicional simetría de muchas de sus obras por una composición mucho más elaborada que, por medio de los grupos (como el que cierra la composición y el espacio en la zona derecha) y la incidencia de la luz, nos conduce a Napoléon autocoronado.

   En el centro del palco se encuentra Letizia Bonaparte, madre del emperador, que realmente se encontraba en Roma ese mismo día.

Toda una expresión de propaganda (que es más borbónica que revolucionaria tanto en su boato como en el papel de la iglesia como legitimador y sede de un importante poder ideológico que, sin embargo, quedaba subordinado al emperador por las nuevas claúsulas del Concordato) que se continuará con su famoso Napoléon cruzando los Alpes

Como comenta Boime, los trajes fueron diseñados por el propio David para que sus encajes y texturas consiguieran el efecto de la obra de Veronés de las Boda de Caná, cuadro que formó parte del botín napoleónico proviniente de Italia

Quedaban aún muchos rasgos del movimiento neoclásico, como el predominio del dibujo, el escaso movimiento o la falta de sentimientos de los personajes que terminarán por ser eliminados por su discípulo, Gros, en Napoleón en Jaffa que ya se interna en una sensibilidad romántica





















Gros. Napoleón en Jaffa


DAVID Y LA REVOLUCIÓN

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