jueves, 18 de febrero de 2016

REMBRANDT. EL DESCENDIMIENTO

La obra de Rembrandt que hemos ido analizando en estos post tuvo una especial relevancia (llegando hasta el propio Goya) gracias la difusión que le proporcionaron sus múltiples grabados.
Autorretrato

Técnicamente, es el gran heredero de Durero, dominando todas las distintas técnicas, que fueron evolucionando (de la misma manera que hicieron sus pinturas) de las formas más dibujísticas que proporcionaba el buril a las más pictóricas del aguafuerte (toda una lección que Goya estudiaría una y otra vez, y más tarde Picasso)
Esta obra que observamos (un descendimiento) pertenece a su segunda etapa, cuando utiliza el ácido para conseguir las múltiples tonalidades de los fondos, con su juego de claroscuros.
Su estructura piramidal es rota por la gran diagonal de luz que invade la  escena por la derecha y, tras el drama religioso, nos conduce a una escena anecdótica (tan habitual en su obra) del hombre disfrazado con un turbante oriental y fantasiosa capa (es conocido la afición del pintor por los disfraces).
Junto a él numerosas figuras por completo ajenas a la estilización o el embellecimiento (fijaros en el propio cuerpo muerto de Cristo) llenan la escena de una vida cotidiana que va más allá de sus cuadros, experimentando con retratos, caricaturas y todo tipo de estados de ánimo
























No hay comentarios:

Publicar un comentario