lunes, 13 de marzo de 2017

DAVID. BRUTO






















Cuatro años después del Juramento de los Horacios (todavía en el Antiguo Régimen y mecenado por el propio Estado), David vuelve al conflicto entre lealtades.
Para ello retoma la historia de Bruto (de nuevo la Roma más antigua).
Bruto, que había sido el gran héroe romano republicano que había acabado con Tarquinio y su familia (la monarquía etrusca), se vuelve a encontrar entre el amor a su familia (sus hijos) y el deber, pues estos hijos habían sido seducidos por los partidarios de la monarquía para dar un golpe de estado a la naciente República y devolverle el poder al rey.
Cuando se descubrió el complot, Bruto ordenó y presenció la ejecución.
El cuadro nos muestra la llegada de los cuerpos ya muertos de sus hijos (en segundo plano, a la izquierda) y los gritos de dolor de las mujeres de la familia (a la derecha)
La figura de Bruto se encuentra desplazada (delante, izquierda), intentando aparentar una serenidad que no tiene, como revela la posición de sus piernas.
Mientras David realizaba el encargo comienza a producirse la revolución francesa y su exposición pública resulta todo un manifiesto.

Las fuentes a las que recurre son la historia de Roma de Tito Livio y un drama de Voltarire.

Estéticamente perdemos la perfección neoclásica de los Horacios en la búsqueda de un estilo más efectivo y novedoso para sus temas (esto es especialmente visible en una composición que, aún manteniendo la simetría y la oposición de los grupos, se rompe con el rigor anterior, dando un espacio mayor a la escena, empleando la profundidad y la compensación de los grupos con una columna iluminada como eje de composición)

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