Este disparate es, como la mayoría de esta colección, de difícil interpretación.
Tan sólo vemos unos hombres que se han calzado unas alas y planean por el espacio oscuro y tierno del auguatinta.
En sus cabezas llevan una especie de casco con forma de pico.
En sus caras no se reflejan ni miedo ni placer, sólo concentración, ni siquiera esfuerzo físico.En un primer momento a mí siempre me ha llegado a la memoria el ejemplo de Leonardo da Vinci y sus conocidas máquinas voladoras, ese sueño perpetuo del hombre por conquistar los cielos.
Acaso podría ser una magnífica metáfora (la del vuelo) para hablar de la libertad (un tema este muy habitual en sus grabados).
Dibujo preparatorio
Según Matilla:
Hacia 1811, fray Francisco Alvarado, un religioso conservador, y por tanto antiliberal, que firmaba sus artículos como El filósofo rancio, comparaba las nuevas ideas afrancesadas con el deseo de volar: No probemos á volar con alas de cera, ni con máquinas aerostáticas. Si pisando por tierra firme tropieza un hombre, ¿qué será embarcándose en un mal burro de palo? Bajo esta perspectiva, volar era, además de un sueño, una metáfora de la innovación política y filosófica a la que los conservadores se mostraban contrarios. Y desde este punto de vista, quizá Goya no esté haciendo una crítica de algo imposible, sino que esté amparando el deseo de libertad que expresa el vuelo. Un vuelo que, pese a la placidez aparente de la estampa, requiere de un esfuerzo por parte de los hombres para mantenerse en el aire, pues han de mover constantemente y de forma sincrónica sus brazos y piernas para batir las alas conectadas al cuerpo a través de las cuerdas. Un esfuerzo similar al que los liberales tuvieron que realizar para mantener sus ideas desde la Cortes de Cádiz. (Texto extractado de Matilla, J.M.: Modo de volar, en Matilla, J.M. y Mena, M.B: Goya: Luces y Sombras, Barcelona: Fundación La Caixa, 2012).



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