jueves, 5 de julio de 2012

LOS BESTIARIOS MEDIEVALES DEL ROMÁNICO

                                        Santo Domingo de Silos. Burgos


Hay otros desiertos habitados de grifos, unos monstruos carniceros con cuerpo y garras de león y alas y pico de águila. T por el opuesto lado, donde se pone el sol, en el Finisterre, se extiende la mar Océana, un espacio infinito de agua amarga, habitado por el pez Leviatán, grande como una montaña, engullidor de naves, sólo sujeto a Dios



En una sociedad tan simbolizada y teocéntrica como la románica, hasta los propios animales se terminarán convirtiendo en símbolos y portarán mensajes religiosos a los fieles. La idea, sin embargo, no era nueva.
En la época clásica ya se utilizaban los animales para la creación de fábulas (Esopo) de las que extraer algún tipo de enseñanza moral. Incluso, la mayoría de las supuestas costumbres de los animales que llenan los bestiarios medievales se extraen de clásicos latinos como Plinio el Viejo (que, inspirándose en el Phisiólogos, de origen griego, creó el modelo para la Edad Media). La única diferencia será su nueva orientación, pues si en lo clásico se busca la ética y el compromiso individual con la sociedad (los mitos clásicos son en el fondo reflexiones sobre la vida), la religión cristiana transforma esta manera de relación más igualitaria con la idea de sumisión a lo divino. (En España, además de esta influencia será patente algunas imágenes orientales traídas por los musulmanes y trasladadas al mundo románico a través de los famosos Beatos mozárabes del siglo X)
El hombre se encuentra frente a una moral exterior que se le impone basada en principios de virtud y pecado. Lo positivo y lo negativo se plantean como modelos en constante lucha excluyentes entre los que se mueve el fiel, siendo la Naturaleza una representación de esta dicotomía.
De esta forma, los animales se moralizan y responden a esta ideología. Son virtuosos o demoníacos, siendo empleados en los sermones de la época como exempla con los que los sacerdotes para hacían más comprensibles sus explicaciones. Son símbolos vivientes de los conceptos teológicos, identificándose con figuras religiosas.

            Algunos animales representativos:

El mono. Imagen del demonio y los vicios. No es raro encontrarlo en motivos lujuriosos.

  El pez. De significados múltiples, desde el paleocristiano (pez como anagrama de Cristo) a formas más simples de los animales o, tal vez en este caso, con una clara contaminación pagana, representando al símbolo de Géminis.



El pelícano. Símbolo de Cristo (y en general de la Eucaristía). De él se decía que abría su pecho para sacar el alimento (su propia sangre) para sus polluelos, sacrificándose por ellos, como había hecho Cristo en la Cruz para redimir a la Humanidad


La sirena. De origen clásico (Odisea). Durante el románico conviven dos figuras. La alada de apetito insaciable y olor fétido; y la de herencia nórdica, la mujer-pez que suele tener doble cola que abre con sus manos para enseñar su sexo. En ambas significa la inconstancia femenina y los peligros del sexo sobre la moral recta.






Muy parecida a ella se encuentra la arpía, con cuerpo de pájaro, garras de león y lengua de serpiente, que de nuevo une lo femenino al pecado.



                                                      Santo Domingo de Silos. Burgos


           Santa María del Valle. Monasterio de Rodilla. Burgos


El Catoblepas

.
El basilisco. Nace de un huevo de gallo empollado en una noche de tormenta. Aparece como un gallo coronado con cola de serpiente y garras de león. Su mirada abrasa cuanto toca y crea el desierto en torno suyo. Para cazarlo se utiliza un espejo, calcinándose a sí mismo. Significa lo demoníaco, el Anticristo.




El centauro es una imagen confusa, pues desde la Antigüedad lo era, unas veces representando la lujuria (la famosa lucha de los lapitas contra los centauros del Partenón) y otras la sabiduría (el maestro de Hércules será el centauro Quirón)

       

La bestia apocalíptica. Extraída directamente del Apocalipsis se nos suele representar en forma de dragón alado, con cabezas de largos cuellos (al modo de serpiente) en número de siete


.
El Camello. Representa lo exótico pero también la paciencia ante las pruebas y la capacidad de aguantar las adversidades del mundo (tal vez derivado de su capacidad de no beber durante días, la abstinencia)

San Joan de Boi

El Elefante, símbolo de la pureza y la castidad, pues según muchos autores no copulan o lo hacen de espaldas. Son también el símbolo de la fortaleza y la guerra justa. Vinculado con lo bondadoso es enemigo acérrimo de los símbolos del mañ (dragón, serpiente)

San Joan de Boi

El dragón. Al contrario que en oriente (siempre vinculado con formas positivas) en Occidente se vincula al mal y en particular a la bestia apocalíptica que ya hemos visto. Es, en el fondo, el miedo atávico a los reptiles (suele tener una cola de serpiente enroscada)


Y aún quedan muchos más, tanto reales (hipopótamo, león, caballo) como imaginarios (onagro, hidra, fénix, catoblepas, el unicornio, tal vez originado en el rinoceronte y con cualidades apotropaicas de su cuerno contra los venenos y para filtros de amor…).  Todos ellos, sus fantásticas vidas y costumbres nos hablan perfectamente de esta sociedad precientífica medieval, en donde es lo divino (y no lo real visto a través de la razón) el que establece la visión del mundo.

El bestiario del Monasterio de Silos

Si quieres ver más imágenes de los bestiarios medievales acompañadas por un buen texto puedes consultar:

Los libros más completos sobre el tema son:
MALAXECHEVERRÍA, I Fauna Fantástica de la Península Ibérica en la Edad Media, 1991
MALAXECHEVERRÍA, Bestiario medieval., 1993.


                                                                  
HERRERO MARCOS. Bestiario románico en España.  2010

                                                                 

Sin embargo, el más alucinante y fantástico es el Manual de zoología fantástica de Jorge Luis Borges (1957) se dan cita bestiarios medievales, islámicos, chinos, junto a otros animales imaginados por Kafka, Poe...
                                                                  

No hay comentarios:

Publicar un comentario