miércoles, 13 de marzo de 2013

EL EDIFICIO DE LOS SINDICATOS. MADRID. ARTE E HISTORIA DE NUESTRO PASADO RECIENTE EN PLENO SALÓN DEL PRADO


Ya lo mencionábamos en nuestro paseo por la arquitectura moderna en el Paseo del Prado, pero hoy vamos a saber un poco más de esta mole arquitectónica, una verdadera rareza artística y todo un símbolo de nuestra historia reciente.
Creado como edificio para el Sindicato Vertical (y su órgano periodístico, el diario Pueblo) representa la alternativa falangista a la arquitectura más tradicionalista de los sectores más conservadores del franquismo (el Valle de los Caídos o el Ministerio del Aire de Soto).
Para ello, y frente a tradición católica o neoimperial de las obras anteriores, el edificio se plantea un ingreso en la modernidad a través de modelos italianos (como el barrio EUR en Roma, máxima exhibición de la arquitectura fascista italiana, o la casa del Fascio de Terragni).

Se aleja así del pastiche histórico (y la simple vocación tradicionalista que desarrollará el franquismo maduro) para hacer un relectura de la modernidad racionalista y modular que se combina con la masividad (fundamental como forma de propaganda del poder absoluto del líder y escenografía de sus mítines) y ciertos recuerdos de la tradición constructiva vernácula.

Todos estos rasgos podemos verlos en el edificio de Sindicatos. La tradición ha quedado confinada a lejanos ecos como el que proponen los materiales (el ladrillo mudéjar, la piedra berroqueña de la gran arquitectura de los primeros Austrias) o el juego de volúmenes, vacíos y llenos y la figuras cúbicos (recuérdese el Discurso de la figura cúbica de Juan de Herrera o su racionalismo más allá del clasicismo que los largos muros desnudos del Escorial y sus hileras de ventanas que desazonan al espectador, sacándole del tiempo y las secuencias del clasicismo para hacerles ingresar en un territorio terriblemente racional que casi roza la pesadilla).

Junto a esto, el edificio juega con los volúmenes haciéndose eco de ciertas ideas expresionistas (ha de tener cuidado el espectador poco avisado ante la primera visión y ver y girar la arquitectura para darse cuenta de que no se trata de un simple cubo sino de una compleja composición de volúmenes que se hieren entre ellos, con sorprendentes esquinas que agreden al espacio circundante)
Unas formas que también pueden recordar el futurismo (que en Italia fue el claro preámbulo de lo fascista, especialmente en lo que se refiere a arquitectura)




























Hay, además, un gusto por lo modular que, inspirándose en el movimiento racionalista, termina por negarlo en su más importe cualidad. Pues si los primeros racionalistas usaron las líneas ortogonales para acercarse al funcionalismo (casas como máquinas para vivir, como diría Le Corbusier); aquí la recta y la repetición sirve como pura redundancia visual y tiene un carácter casi iconológico (una especie de discurso machacón y rítmico que se impone al paseante con ideas claras, sencillas y repetidas, brillantes como son siempre las "verdades").

Como puede verse, toda una verdadera declaración de intenciones que es a la vez artística pero también ideológica que nos sirven para conocer algunas de las verdaderas señas de identidad de la Falange más pura antes de caer definitivamente en el tradicionalismo católico del franquismo. 
Una corriente de vanguardia (con todos sus efectos positivos y negativos) verdaderamente insertada en la modernidad (y no en las añoranzas franquistas) y cercana a las ideas de fuerza de choque (de ahí la vanguardia) ante la historia ya caduca que hay que abandonar (destruyéndola) en busca de una nueva utopía. (¿O no es acaso esto el choque brutal del edificio en un barrio señorial, como se puede observar en esta foto?

Una fuerza "joven" y arriesgada que no esconde sus cartas de modernidad a ultranza, de vital avance hacia las ideas de escuadramiento, pérdida de lo individual en favor de un destino común, ruptura con cualquier expresión de sentimentalismo (léase en arquitectura Buen Gusto)...; rasgos todos típicos de los años 20-30 (aunque el edificio sea posterior) en donde la crisis civilizatoria que barrería la Europa de Entreguerras plantea con total radicalidad y desde ambos extremos (fascismo y comunismo) la muerte del liberalismo decimonónico y sus formas economómicas, sociales e ideológicas.
Una buena muestra de recordar algunas zonas oscuras (y fuertemente manipuladas) de nuestra historia reciente.

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