domingo, 17 de noviembre de 2013

PASEANDO POR CHUECA


Hay muchas Chuecas, la bulliciosa y nocturna, la loca y exuberante del Orgullo, la plácida de las mañanas soleadas de los domingos de invierno. Cada una distinta, como si todo se transformase.

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El visitante hará bien en conocerlas todas, vivirlas con pasión o placidez.

Este barrio, casi delimitado por Gran Vía y Recoletos, ya era madrileño en el plano Texeira del siglo XVII, siendo uno de los lugares más degradados de la capital hasta que, a partir de los 80, fue tomado como bandera del colectivo gay que lo convirtió en barrio rosa por excelencia.

En este proceso el barrio se fue gentrificando (aquí explicamos qué es eso y vemos sus pros y contras). Se lavaron su bellas fachadas, se fueron cerrando las tiendas tradicionales para que una multitud de bares, tiendas de diseño, pub, restaurantes o saunas lo fueron invadiendo todo de forma glamurosa.

Como siempre en estos paseos marcamos un itinerario básico que, precisamente hoy, habría que saltarse cuando se quiera buscando calles, rincones, bares o tiendas que nos fascinen, pues la disposición del barrio (en perfecta cuadrícula) y su especial carácter aconsejan el deambular sin rumbo.
Comenzamos en su propio límite, en las Salesas Reales, una iglesia entre el barroco y rococó en donde yacen aún los monarcas Fernado VI y Bárbara de Braganza

Siguiendo por Fernando VI nos podemos meter por cualquier bocacalle a nuestra izquierda (mis preferidas son Pelayo y San Gregorio. Si lo que queremos encontrar la iglesia de las Góngoras (barroca del XVII, aunque habitual cerrada) se encuentra en la de Góngora, paralela a las anteriores.

Sea cual sea nuestro camino llegaremos a la Plaza de Chueca, el verdadero corazón del barrio, cruzado por Gravina.

Seguiremos avanzando para encontrar Augusto Figueroa, sus tiendas de zapatos y el mercado de San Antón (réplica del mercado gourmet de San Miguel)

Si continuamos por Libertad nos encontraremos con Carmencita, uno de los grandes lugares de encuentro de la generación del 27 que nos conducirá a Infantas y de ahí, otro de los grandes espacios, la Plaza Vázquez de Mella.

Por nuestro camino encontraremos placas conmemorativas que nos recuerdan los vecinos ilustres del barrio (Pedro de la Torre, Rosales, el pintor decimonónico, Jardiel Poncela).

Para comer cualquier sitio vale, depende del bolsillo y las apetencias del momento

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