jueves, 13 de febrero de 2014

EL ARTE AL SERVICIO DE LA POLÍTICA. El cartel durante la Guerra Civil


Analizábamos en un artículo anterior cómo los grandes artistas se politizaron de forma irremisible durante la Guerra Civil española. Hoy queremos ver una extensión contraria: cómo la política utilizó el arte moderno en la gran guerra de propaganda que fue nuestra guerra civil.
Los antecedentes de esta cartelística publicitaria habría que encontrarlo en la renovación de la tipografía y el cartel que inician numerosas tendencias del movimiento moderno: Figuras como Groz o Heartfield, la Bahaus, el constructivismo ruso o Dadá se dedicaron a trabajar sobre esta disciplina experimentando con las tipografías, las imágenes o su relación para crear un mensaje total, sencillo de comprender y de rápido impacto emocional.

Todo esto no pasó desapercibido para la República, que tanto lo utilizó para la propaganda exterior (el famoso Pabellón en París de la República) como interior. El cartel era un medio sencillo, barato y contundente de lanzar ideas sin demasiados matices (al estar fuertemente ideologizadas).
Estos mensajes solían ser de dos tipos.
Por una parte encontramos los destinados a subir la moral de la población, ya sea con mensajes de victoria como por medio de la ridiculización del enemigo.

Por otra parte se mandaban consignas de orden interno que respondían a las distintas necesidades políticas y económicas para que funcionara la retaguardia.

El bando franquista, aunque un poco más tardíamente, también utilizó el cartel, especialmente desde la Falange, siempre más vinculada a la vanguardia que el resto de la España Nacional (en el fondo, era una heredera cultural del movimiento futurista).


Sus mensajes son semejantes a los de la República, y también encontramos la dicotomía entre propaganda y necesidades cotidianas.

Estéticamente, estos carteles (el bando da lo mismo) jugaban con múltiples experimentos vanguardistas (fotomontaje, uso del color como forma comunicativa, deformación de la realidad...), aunque siempre poniendo como prioridad la creación de una imagen rápida de comprender, en donde lo estético o la experimentación estaba en función de la comunicación.
Por ello encontraremos un dibujo sencillo y contundente, con escasos detalles. El color, plano y brillante, nos centrará lo fundamental, huyendo habitualmente de los fondos complejos para evitar distracciones del mensaje.
Para subrayar ciertos contenidos se utilizará la parodia o los distintos enfoques de picado o contrapicado tomados de la fotografía.

Como es lógico, los símbolos (yugo y las flechas falangistas, esvásticas, hoz y martillo, estrella soviética) son protagonistas habituales de la imagen, al igual que los pequeños lemas que suelen introducirse en el diseño del dibujo para que sean vistos casi al mismo tiempo, potenciando así el mensaje y la comprensión.
De la misma manera encontramos siempre una retórica de lo bélico que se concreta a base de armas, gestos fuertes y decididos (casi violentos) que coinciden con los mensajes escritos, más órdenes o deseos incontestables que frases a meditar, pues la guerra y la victoria exigía no pensar, sino actuar, sin vacilaciones ni matices.

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