miércoles, 20 de agosto de 2014

LA FACHADA DE LA CATEDRAL DE GUADIX


Tras múltiples dilaciones y cambios de planes (que terminaron por preferir la horizontalidad), en el siglo XVIII se consiguen los fondos necesarios para finalizar la portada.
Se trata de un original planteamiento que se basa, dándole la vuelta, en la que hiciera Alonso Cano para la Catedral de Granada.



Si en ésta eran unos arcos gigantescos los que cobijaban los lienzos de la portada, creando un fuerte contraste de la luz gracias a la articulación de la fachada, en Guadix es el lienzo del muro el que se sitúa en papel preponderante, avanzando hacia el espectador en los distintos tramos a través de su "plegamiento" que produce un fuerte impulso convexo en donde, "sujetado por las columnas", los paños se comban, como si estuvieran sometidos a una fuerte presión, tal y como puede verse en las cornisas.

Estas zonas en tensión recuerdan al espacio pulsante que tan magistralmente manejara Borromini y que ya analizamos aquí, creando una arquitectura en donde los muros tienen cualidades casi plásticas y se adaptan a oscuras presiones, tan sólo sujetados por el esqueleto de las columnas y arcos.


En la parte superior, el clasicismo de sus motivos cede paso a un mayor barroquismo que recuerda a los modelos de Ribera, con la profusa utilización de los estípites fajados, otros con formas bulbosas y empleo de la rocalla, remarcando la verticalidad de las calles a través de pirámides que se recortan contra el cielo.






















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