miércoles, 3 de septiembre de 2014

ESPACIO BARROCOS EN PARÍS (I) PLAZA DAUPHINE


Junto a la de los Vosgos, o las plazas de las Victorias o la Vedonme, el urbanismo barroco francés fue realizando una serie de episodios de plazas reales (places royales) durante los reinados de Enrique IV, Luis XIII y Luis XIV.
Frente al carácter festivo español (La plaza mayor de Madrid que ya analizamos aquí, destinada a canonizaciones, autos de fe, corridas de toros) o el integrado romano dentro del conjunto urbano (el tridente de la Plaza del Popolo, la ruta de obeliscos o la Piazza Navonna que unen iglesias, obeliscos o fuentes en el espacio urbano, dotándolo de toda un significado unitario), la plaza francesa parte de la exaltación real (en torno a sus pabellones reales y esculturas) como eje de composición, cerrándose al resto de la ciudad como un episodio aislado que carece de continuidad.

El primer experimento en este sentido lo realiza en 1607 Enrique IV en uno de los centros simbólicos de la ciudad, la isla de la Cité.
Vinculado a la creación del  puente Neuf (el más antiguo de la ciudad, 1606, que une la isla con las dos riberas del Sena) se crea una plaza triangular en cuyo vértice se colocó (aunque en la actualidad ha desaparecido) una estatua real que genera el punto focal de la plaza, su origen y finalización.

La propia plaza se realizaría con edificios de dos plantas de ladrillo y caliza y tejados de fuerte pendientes que han ido desapareciendo progresivamente. Realmente, para hacerse una idea de estas construcciones habría que pensar en la Plaza de los Vosgos

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