jueves, 16 de febrero de 2017

EL PADRE POZZO Y LAS PINTURAS DE SAN IGNACIO


En clara oposición a Baciccia y sus obras en el Gesú, la propia compañía de Jesús en su segunda gran iglesia de Roma (San Ignacio), decide apostar por un miembro de la orden para decorar el techo, cúpula y ábside al fresco, añadiendo además grandísimas palas de altar

Se trata del padre Pozzo, teórico de la perspectiva (escribió dos volúmenes sobre ella), que abandonando los modos más venecianos de Correggio o Cortona, apuesta por un retorno (modernizado) a los presupuestos renacentistas.

Esto es especialmente visible en su elección de un punto de vista concreto desde el que la imagen se percibe de forma correcta (en la iglesia existe, incluso, un anillo de mármol que indica la posición correcta al espectador) y en el uso sistemático de la arquitectura (en vez de la luz) como forma de composición.

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Fijaros que diferencia entre la primera fotos y las dos siguientes, que han sido tomadas desde otro lugar que el previsto por el pintor y resultan bastante ilegibles

Se crea así un asombroso mecanismo perspectívico (típico de esta pintura decorativa barroca) realizado por medio de la quadratura (uso de figuras en escorzo)

Con este estilo crea acaso el más espectacular techo de toda Roma que, siguiendo una iconografía habitual del barroco, narra la Visión de San Ignacio y la extensión de sus obras por todos los continentes conocidos.

Curiosamente, la obra se convierte en un paradigma de lo barroco (entendido como engaño y apariencia), pues lo que resulta una verdadera conmoción para la vista (una arquitectura infinita) en la visión lejana, se convierte en una obra de poca consistencia cuando la vemos en detalle, con figuras excesivamente delineadas y carentes de verdaderos sentimientos.




Evidentemente esta apreciación no debería tenerse en cuenta en el siglo XVII, pues son nuestros zoom los que nos permiten ahora contemplar detalles que para el espectador barroco pasarían por completo desapercibidos, cumpliendo así perfectamente la función didáctica, de enseñanza por los sentidos y su asombro que constituye la médula del arte barroco.




Ábside

El momento más espectacular de todo el conjunto es la cúpula de corona su crucero y que, siempre que se encuentre en el lugar correcto, el espectador considerará real y atravesada por el milagro de los rayos de luz que cruzan ángeles vertiginosos.



 El engaño, sin embargo, desaparece al acercarse a ella y descubrir ¡que también se encuentra pintada!

 La cúpula vista desde el altar pierde todo su realismo frente a las fotos anteriores, tomadas desde "el punto de vista correcto"




















Así sería la cúpula pintada si se hubiera construido


Esta manera de trabajar influyó decisivamente en algunos ejemplos de barroco decorativo español.




















San Antonio de los Alemanes. Madrid

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