jueves, 16 de mayo de 2013

LA FACHADA DEL AYUNTAMIENTO DE MURCIA. RAFAEL MONEO


¿Cómo enfrentarse a una plaza histórica subyugada por la espléndida fachada barroca de la catedral?
Se podría recurrir al pastiche neohistórico, como tantas veces ha ocurrido.
Podría utilizarse el posmodernismo irónico (como ya realizó en la ampliación del Banco de España o en la ampliación del Prado)
Incluso se podría trabajar en recuperar la esencia de una arquitectura antigua en tiempos actuales (como hizo en el fabuloso Museo de Mérida).
Sin embargo, en este caso, Moneo decidió una estrategia distinta. Enfrentarse en formas aunque respetando los fondos.
Seguir el propio estilo tan conocido de ortogonales y huecos cambiando su desarrollo con el contexto.
O dicho de una forma sencilla: Moneo apostó por crear una visión radicalmente distinta (que potenciara así la especificidad del propio edificio, el que representa al poder civil frente al religioso de Catedral y Palacio Episcopal). Un entramado de huecos y llenos, casi como un Mondrian monocolor en medio de la ciudad.
Hizo esto y, en mi opinión, lo contrario, pues aunque sea difícil de ver en una primera mirada, el Ayuntamiento juega sutilmente con la fachada de la Catedral.
Lo hace con el espejo de su gran ventanal que recoge la fachada catedralicia y la integra en la modernidad.
Lo hace, especialmente, jugando al juego barroco de las luces y las sombras que articulan el plano según las horas del día, creando un movimiento y apariencia cambiante que se basa en la asimetría (pese a su regularidad), otro de los grandes rasgos barrocos
Una fachada telón como lo es la de la catedral que atraiga al espectador sin informarle nada del espectador. Un balcón como el del cardenal Belluga, símbolo del poder cívico que intenta transmitir su transparencia (ójala!!!!), la que debería tener las formas democráticas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada