jueves, 6 de marzo de 2014

EL DESCENDIMIENTO DE ROSSO EN SAN SEPULCRO


En San Sepolcro, en la iglesia de San Lorenzo, pequeña capilla del XVI, se conserva uno de las obras más significativas de este pintor florentino manierista
El cuadro es verdaderamente impactante por muchos motivos.

El primero de ellos es su composición abigarrada que crea un muro de personajes (el típico agobio espacial iniciado por Miguel Ángel en la Sixtina o la capilla Paulina) ante el Cristo muerto que recuerda al Expolio del Greco (u otras obras de Bronzino) en el empuje que tiene el cuadro hacia el espectador, impidiéndole la entrada perspectívica normal (realmente el punto de fuga ha cambiado de posición, y del fondo tradicional en el Renacimiento ha pasado a ser el propio espectador que recibe así un fuerte choque emocional)

Junto a ello hay una constante pugna entre luces y colores. Mientras el Cristo, las Marías y el fondo se realizan en colores apagados y mates (casi ya más típicos del barroco), numerosos destellos de  amarillentos, azules y naranjas  tornasolados y metálicos (que recuerdan al tondo Pitti de Miguel Ángel) introducen un punto de sofisticación e irrealidad que choca con el sentimiento de tragedia del resto. En ellos la luz se comporta como relámpagos dentro de la oscuridad general

Aún más, frente a rostros y anatomías realistas se vuelven a introducir en conflicto otras claramente amaneradas que nos duplican el cuadro y nos impiden darle un sentimiento único.


La figura de Cristo que centra la composición deriva de formas serpentinatas  miguelangelescas con un pecho extraordinariamente desarrollado  que se opone a largos miembros en composición imposible

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