lunes, 17 de marzo de 2014

LA CÚPULA DEL REICHSTAG. FOSTER


La cúpula es todo un prodigio de tecnología con fines ideológicos.
Como es sabido el Reichstag (edificio neorrenacentista de 1894) fue la sede del poder legislativo en el II Reich y en la República de Weimar. Incendiado durante este periodo por los nazis (y a la vez utilizado por ellos para culpar a los comunistas para así poder disolver las cámaras), fue bombardeado durante la II Guerra Mundial.

Como se ve el edificio no podía ser más simbólico, y fue de nuevo elegido como sede de la cámara baja tras la reunificación alemana.
Aunque se habían hechos obras de urgencia tras la guerra para su conservación, su cúpula seguía destruida y fue encargada a Foster como símbolo de la reunificación.

Técnicamente su actuación más espectacular es la gran cúpula de cristal que corona el edificio que sobresale como gran hito urbano de la ciudad a la vez que permite (desde ella) una visión espectacular de la misma.

Esta cúpula tiene varias funciones.
Es la entrada de luz natural a la zona de plenos (potenciada por el gran prisma de espejos central) y a la vez el lugar de renovación de aire. Durante la noche actúa como faro hacia el exterior.

El paseo por sus rampas helicoidales produce un vértigo de sensaciones al espectador que quiere observar el exterior y, a la vez, se siente fascinado por la realidad facetada del gran cono de cristales, una multiplicidad típicamente posmoderna en donde la realidad es plural, inestable, tan compleja de tanta subjetividad del que la observa...


Simbólicamente, la cúpula de cristal nos remite a una política transparente mientras que su prodigio tecnológico es la metáfora de la nueva Alemania, renacida tras la destrucción de la II Guerra Mundial a través de la industria y la tecnología

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