lunes, 15 de septiembre de 2014

LA ESTELA DE LOS BUITRES


Si la semana pasada nos ocupábamos de la la placa de Ur Nashe, hoy seguimos viendo la evolución del arte mesopotámico con la llamada de los buitres, realizada por su hijo, Eannatum de Lagash (2,450 aC).
En la anterior veíamos al rey constructor que justifica su poder en la erección de templos; en esta ya encontramos al rey guerrero que vincula poder a la guerra, una expedición contra la ciudad rival de Umma, convirtiéndose en el mayor poder de Sumeria
La estela consta de varios fragmentos dispersos, siendo el más famoso éste, la escultura bélica más antigua del mundo.
En él, el rey conduce su ejército contra el enemigo. Un ejército sin piedad que pisotea a sus enemigos formando una especie de falange compacta gracias a sus escudos.

Plásticamente resulta fascinante cómo se ha resuelto este ejército del que sólo sobresalen cabezas y pies, conformándose el cuerpo del mismo por una verdadera piel de escudos.  (Por cierto, y tal como se repetirá durante siglos a la hora de representar múltiples personajes, no coincidirán el número de cabezas con el de pies, pues se trata de un arte mucho más conceptual de lo que tradicionalmente se solía admitir y, al igual que el arte egipcio, prima el concepto sobre la representación, eliminando detalles que entorpezcan la lectura clara del mismo).

En la parte inferior, el fragmento conservado nos vuelve a contar la misma historia aunque recurriendo a nuevas maneras, la colocación del ejército en bandas superpuestas, un primer atisbo de perspectiva (en vertical) que iremos viendo evolucionar a lo largo de los siglos.
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