viernes, 25 de octubre de 2013

Cuentos pedagógicos de los Animales Imaginarios. Carta a la tita Elena. Renacimiento (2)


Querida tita Elena!
Mucho hablar de los Koalas y Lucca della Robbia, pero nadie te ha contado lo más importante que pasó en Florencia: La Jirafita y él (el Elefantito)… ¡se han enamorado! 
Te preguntarás de quién, tita Elena, ¿verdad? Pues sí, los dos del mismo… ¡Ay!!!!! (Suspiro) ¡Qué guapo! (Más suspiros).
Ocurrió el tercer día… ¡Ay! (más suspiros) Los papis nos llevaron a la Academia.
-Y… ¿Hay Lucca della Robbia en este museo?- preguntaron los Koalas entusiasmados.
-Me parece que no –dijo Vicentito.
-Buahhhhh, pues vaya museo: esto no es un museo ni nada que se le parezca.
-Pero… Vicentito ha dicho que aquí están las esculturas de un señor muy importante y muy bruto –dijo el Rinoceronte.
-¿Tan bruto como los romanos?- preguntó el Camello.
-Pues… casi, y más bruto según era más mayor.
-¿Era manierista de lunes?
-En las últimas obras que hizo, sí – le respondió Vicentito -. Veréis unos señores que salen de la piedra.
- Y… ¿Cómo se llama?
-Miguel Ángel.
- ¡Ah! ¿El que vimos en Roma? ¿El que hizo al de las barbas largas?

-El Moisés – dije yo – que siempre tengo que estar en todo.
-Vale, y ¿que pintó la iglesia más gorda de todas?
- ¡Ay! ¡De verdad….! La Capilla Sixtina, ¡no hay quién pueda con vosotros!
-Pero, ¿es o no es manierista de lunes?
-Unas cosas sí y otras no. Al principio era muy renacentista y hacia cosas bellísimas, excelsas, que diría el tito Berthold.
-Ex… ¿qué?
-Que eran muy bonitas Koala. Pero luego se fue volviendo cada vez más manierista.
-¿Pasó del domingo al lunes?
- Algo así, Rinoceronte.
- Y entonces, ¿empezó a dar susto?
-Sí, Koala, no se parecía en nada a Lucca della Robbia.

Toda esta discusión la tuvimos mientras hacíamos la cola correspondiente a este museo (todos tienen la suya y si no la haces no eres un buen turista) y por fin, nos tocó entrar.
¡Ay, qué momento, tita Elena! ¡Qué recuerdos!
-¡Halaaaa! ¡Qué bruto! Si salen de las piedras – gritó el Rinoceronte cuando vio los Esclavos que estaban al principio del museo.

Pero…tita Elena, ¡qué decirte! A la Jirafita y mí nos dio igual todo: al final de aquel largo pasillo estaba…: ÉL.
-Mira, Jirafita: EL DAVID.
- No, es el ER DAVÍ
- Pero, ¿qué dices?
-¿No ves que se parece a un bravo costalero, como diría el tito Berthold? Tienes que llamarle Er`Davi, en andaluz.
-Tienes razón, Jirafita: es tan guapo… ¿verdad que a ti también te lo parece, tita Elena? Pura perfección renacentista… ¡Ay! ¡Qué mirada, qué manos, qué torso, qué piernas, qué…

Nos acercamos lentamente hacia él. Mientras, él se iba haciendo más grande y nuestro amor crecía a la par que su tamaño.
-Estamos perdidos, Jirafita. No hay otro como él.
La Jirafita no podía responder: se había quedado con la boca abierta y los ojos como platos: casi se le olvida respirar. Menos mal que yo llevaba el palito que sino me ahogo de fijo y pude a duras penas rescatarla del éxtasis.
Ya te puedes imaginar, tita Elena, cómo salimos de la Academia.
Sólo nos faltaba que fuera de noche, con una gran luna llena encima de la cúpula de la catedral.
No pudimos evitarlo, nos pusimos a suspirar como locos.
-¡Ay! ¡Er`Daví!
Bueno!!!! (Muchos suspiros). Creo que poco te podemos ya contar: cuando vengas a casa te enseñaremos el póster que nos compró Ampalito (pero ven antes de que lo haga el tito Berthold, porque sino se lo quedará).
Un beso muy fuerte


                             El Elefantito

San Juan de los Terreros, Agosto de 2013.
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