domingo, 18 de febrero de 2018

EL BARROCO EN BRAGA. PORTUGAL.(1) ANDRÉS SOARES



Ayuntamiento y Fuente del Pelícano. Andre Soares


Braga se constituye a mediados del siglo XVII en la capital religiosa del nuevo Portugal tras el fracaso de la Unión Ibérica, al independizarse de la corona española.

Órganos de la Sé de Braga, uno de los lugares en donde se iniciará el gran barroco de la ciudad


Palacio Arzobispal, obra temprana de Soares y símbolo de los grandes mecenas de la ciudad

Con la primacía sobre el resto de diócesis lusas y enormes rentas provenientes de toda la zona norte del país (y el oro que llega desde Brasil), los arzobispos de la ciudad crearon una bella ciudad barroca que unía la ideología de la Contrarreforma con los ecos (más civiles) de la monarquía absoluta (pues, en el fondo, eran los segundos reyes de Portugal).
Iglesia de Santa Cruz. La fachada pertenece al primer barroco braquense, con decoración barroca sobre un esquema manierista

En esta unión de poderes temporales y espirituales cristaliza en una ciudad que multiplica sus palacios, templos, conventos y santuarios bajo el mecenazgo episcopal iniciado (todavía en tiempos renacentistas) por Luis de Sousa, anteriormente embajador de Portugal en Roma, que apoya decididamente la llegada de artistas extranjeros que se proveerán de nuevos recintos a las órdenes religiosas tridentinas que abren casa en la ciudad (San Felipe Neri, carmelitas, oblatos).
Se introducen así las maneras manieristas romanas en iglesias como San Víctor 
San Víctor. Típico ejemplo manierista

Sobre este fermento, ya en pleno siglo XVII, arquitectos provenientes de Oporto (en donde Nasoni, al que ya analizamos aquí, había constituido un fecundo taller) son llamados por un nuevo arzobispo, Rodrigo de Moura Teles.
El proceso culmina con dos arquitectos oriundos de la propia ciudad: Andrés Soares y Carlos Amarante, ya en tiempos del arzobispo José de Braganza.

Hospital de San Marcos. Carlos Amarante. Un magnífico trabajo en el que encontramos ecos tanto de Juvara como de Guarini

Andrés Soares aprende el oficio estudiando la amplísima biblioteca episcopal y vemos en él como el tardobarroco aún presente en Nasoni desaparece en sus grandes estructuras para dar paso a una explosión rococó de rocallas, guirnaldas, coronas y jarrones (inspirados en dibujos de Meissonier y de la tradición germana) y otros elementos arquitectónicos descontextualizados (herencia borrominesca, como sus frontones mixtilíneos y marcos de ventanas de perfil ondulante) que se multiplican en ventanas, portadas y frontones mixtilíneos.

Iglesia de los Congregados

Las arquitecturas adquieren así tridimensionalidad a través del claroscuro y el solapamiento de las estructuras (desde la decoración de placas ¿gallega?), aunque sin perder nunca su exquisitez
Portada palacio del Raio

En la iglesia y convento de los Oratorianos de San Felipe Neri, Soares se inspiró directamente en la obra realizada por Borromini en Roma, especialmente en la zona del convento, centrado por un frontón ondulante, con una fuerte tensión vertical creada por los estrechos entrepaños entre las pilastras que, en ciertos puntos (centro y esquinas) se proyectan hacia el espectador al convertirse en media columnas.


Todo el conjunto se cierra por un potente y varias veces articulado arquitrabe
.
Y, como siempre, sus magníficas ventanas.

Aún más subida de ritmo y decoración es la fachada, tan cercana, de la casa Rolao, en donde la tridimensionalidad de los elementos arquitectónicos se vuelca en la propia calle
Su obra maestra es el Palacio do Raio, construido para un acaudalado mercader de la seda, en donde el fantasioso dibujo de los vanos llega a su máxima expresión, aunque perfectamente "contenidos por las dobles pilastras laterales (de orden gigante) y la balaustrada superior

Aunque en su origen el muro se encontraba simplemente enfoscado, en el siglo XIX fue decorado con azulejos que, junto a las ventanas y puertas, crea un bellísimo fondo azul sobre el que se recortan las formas









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