Tras conocer en 1990 que se encontraba contagiado de SIDA, la obra de Espaliú se vuelve más sombría y activista, llena de jaulas, muletas y aparatos ortopédicos.
Destaca especialmente esta especie de palanquines (pero también féretros por su color y su total cierre al mundo exterior) que se relacionaban directamente con el acto de transportarse de los happening realizados en San Sebastián o Madrid, en donde una serie de amigos transportaban al artista, hablando de la fragilidad de lo humano que ponen de relieve estas enfermedades, imposibilitando al enfermo a la simple acción del paseo, de la relación.
A mi me gusta pensar, también, que estos palanquines tenían algo de denuncia ante la España eterna e imperial que no admitía la enfermedad por considerarla como fruto de una aberración
TODOS NUESTROS SPOST SOBRE ESPALIÚ
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