En la entrada del Museo del Prado se ha instalado mientras dure la muestra, tres intrigantes esculturas de Juan Muñoz.Se trata de tres palcos (unos armazones de palcos) en donde encontramos tres de sus habituales esculturas de orientales.
En todas ellas hay dos que ríen y uno que cae.
Un risa y una caída en absolutamente silencio, inquietantes.
La escena se produce entres ocasiones, cambiando posiciones y el espectador tiene que pasar entre ellas. Es un espectador vigilado, acaso en un extraño y vago peligro que no se conoce.
Esta es la magia de Juan Muñoz, producir extrañamientos en la pura cotidianidad, llenarlas de magias extrañas, oscuros e indefinidos miedos que atraen y a la vez se rechazan.
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