Aquí puedes encontrar muchos lugares relacionados con San Isidro en Madrid
Estos zapatos tan bellos con su interior sanguinolento que abren el artículo son la imagen perfecta.
Más poéticas (y en relación indirecta con Santa Teresa de Jesús) son las dos siguientes obras, como el magnífico vídeo que poco a poco va colmatando con flores que ocultan la miseria de una ciudad bombardeada.
O esa ciudad de cristal tan bella como frágil que recuerda a las Moradas pero también al licenciado Vidriera.
La habitación carecía de muebles, pero de las paredes colgaban cuadros. Cuando sus ojos se habituaron a la luz escasa, pudo ver que en todos ellos había mujeres desnudas, solas o en compañía. Se hallaba ante las mitologías que su abuelo había coleccionado, y que sólo podían contemplarse con un permiso especial de la curia toledana, firmado de puño y letra del primado: privilegio de éste que el Gran Inquisidor le discutía, y que, como pleito de los que jamás se resuelven, se hallaba en Roma hacía lustros. Por fortuna, el otro rey, su padre, jamás había penetrado en aquel lugar, pues de lo contrario el pleito lo habría zanjado el fuego.
– Los teólogos más sutiles, Majestad, tienen dudas de que su abuelo, el Gran Rey, se haya salvado, sólo por haber gastado en estas porquerías el dinero del pueblo.
Las porquerías las firmaban, entre otros, Tiziano y un extraño holandés llamado El Bosco, «Hierombosc», según las cartas del abuelo a sus hijas muy amadas. El Rey recorrió con la mirada aquella acumulación de cuerpos a la intemperie y se detuvo en uno, donde una vieja celestina recogía en el regazo de su falda el oro que Zeus enviaba a la entrepierna de Dánae, la cual, sin embargo, algún oro debía de recibir en el sitio preciso, a juzgar por la cara que ponía. Dánae tenía unos muslos largos y un cuerpo dorado, semejante al de Marfisa. El Rey quedó ante él, como pasmado, durante mucho tiempo.
Bajo los cimientos de la piazza Navonna aún se encuentran los restos del estadio de Domiciano.
Construido durante los años 80 tras un incendio que asoló una parte del campo de Marte, no se trataba realmente de un circo (pues no tenía ni spina ni carceres), pues no se dedicaba a la carrera de cuadrigas sino a las carreras a pie, luchas grecorromanas (como el pancracio o el pugilato) o el pentatlón (el lanzamiento de disco y de jabalina, el salto de longitud, la carrera del estadio, la lucha).
Un estadio a la manera griega, para crear una imitación de los juegos olímpicos: el Certamen Capitolino Iovi en honor de Júpiter Óptimo Máximo en donde el emperador mismo vestía una toga purpúrea y llevaba una corona dorada con la efigie de Júpiter, Juno y Minerva.
Un lugar poco apreciado por la plebe romana que buscaba espectáculos más vibrantes, que hablaban de filohelenismo del emperador (frente al carácter más romano de su hermano Tito o su padre Vespasiano)
Su arquitectura exterior seguía las ideas de arco y columna en pisos con órdenes alternados, como el Coliseo o el teatro Marcello.
En el interior tenía unas gradas sustentadas por grandes machones de piedra y cemento entre las cuales se abrían los pasillos para las circulaciones interiores.
Se denomina Ornithos, y se esconde entre los cuadros vegetales del Jardín como bandadas de pájaros. Como dice el propio autor: “estas obras están pensadas para integrarse en el medio natural. Mis esculturas se conciben especialmente para que se coloquen en espacios abiertos, ya que son inalterables, y se crean para que se fundan con el paisaje, y, combinación con el mismo, creen una obra más allá de la propia obra, en una suerte de metadiscurso, en la tradición del land art”.
Este proyecto quiere conectar la migración de los pájaros con las personas (“Como persona migrante que soy, creo que el vuelo del pájaro hacia destinos tan lejanos, hacia latitudes impensables, simboliza muy bien esa misma naturaleza cambiante de todos los seres humanos, y que aquello que nos une es más de lo que nos diferencia”), con una Tierra común para todos
Estéticamente las esculturas retoman las formas de Brancusi en sus vuelos o sus columnas sin fin
Uno de las grandes hallazgos últimos de la arqueología se está produciendo en Casas de Turuñuelo, un edificio que posiblemente uniera funciones económicas (la explotación agropecuaria de las riberas del Guadiana) con otras cultuales.
Nos encontramos en la última fase de Tartessos (siglo V a C), cuando ha colapsado la zona central del Guadalquivir y florecido un epígono en la ribera del Guadiana (Cancho Roano, Aliseda...)
No sabemos aún porqué pero muchos de estos lugares fueron cuidadosamente destruidos por sus propios habitantes, de forma premeditada y ritual (¿acaso un cambio climático con mayores inundaciones fluviales que se han comprobado en las ruinas?)
Este ritual tenía un simposio (comida) tras el cual se rompía la vajilla (la más lujosa de la casa) y se mataba a la cabaña vacuna y caballar, dejando los cuerpo muertos colocados de una forma muy teatral en el patio que tenía preparado un canal para el desagüe de la sangre.
Sería la primera comprobación arqueológica de las hecatombes griegas y bíblicas.
Tras ella se cubría cuidadosamente toda la construcción con arcilla lo que ha permitido su perfecta conservación (con los famosos rostros de Turuñuelo)
Pintado en sus años romanos (1570-75) en al menos tres versiones (una de ellas en el Prado, triple).
Evidentemente en lo estético se encuentra muy cerca de Bassano (a quien conocería en Venecia) y sus juego lumínicos en donde la luz sale del propio cuadro, creando los personajes a través de fuertes claroscuros.
Ideológicamente se ha planteado una imitatio de lo antico, tomando las Historias Naturales de Plinio describía a Lycios, Antífilo y Filisco habían representado a un niño soplando unos tizones encendidos, algo que sería muy bien visto en el ambiente humanista de los Farnesio en donde estaba recogido, apoyado por Giulio Clovio y el bibliotecario Fulvio Orsini.
Manuela Mena plantea una interpretación suplementaria, la de crear una fábula moralizante sobre el camino solitario que el hombre, siempre un niño ingenuo a los ojos de Dios, no debía seguir en modo alguno (refiriéndose a las múltiples herejías, como la de alumbrados, que estaban surgiendo en estos momentos tan confusos)
El adorno no era una Mesilla ni ningún otro Mueble sino un Aderezo de esquina, un pobre objeto desgraciado que trabajaba los lunes (día de descanso de las obras de arte en el Museumsquartier), uno de esos ornamentos que Decoración inventaba para distraer las habitaciones vacías, lo cual se percibía sobre todo en su inexperiencia a la hora de servir el café. Bosch demoró varios segundos en percatarse de que se trataba de un hombre joven, probablemente un chico de dieciocho o diecinueve años. El peinado era un garabato de bucles endrinos y simétricos en forma de volutas cribado de plumas plateadas. La túnica, larga y tubular, en terciopelo negro, desnudaba un escote drástico en la espalda, casi un defecto, que en su extremo inferior no alcanzaba a cubrir la mitad de unas nalgas prietas y pintadas, como todo el cuerpo, en castaño bruno.
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La novela es esta casa deshabitada junto a un motor que servía para mover el agua por las acequias que la llevaban a los naranjos