martes, 5 de febrero de 2013

LA TORRE DE LA MAGDALENA. ZARAGOZA


A mi me resulta el ejemplo más bello del mudéjar zaragozano, tan poderosa en su construcción como delicada en su decoración.
Lamentablemente, el ábside poligonal quedó desfigurado por la intervención barroca.

Algo similar le ocurrió a la torre, aunque restauraciones posteriores intentaron minimizar el efecto.
Se trata de una torre alminar (doble con escalera central) de planta cuadrangular.

En su decoración encontramos los típicos efectos creados por el ladrillo (con sus redes de rombos, esquinilla, en saledizo), arcos y cerámica, emparentándose así con las famosas de Teruel.

Toda esta decoración se organiza en las típicas bandas horizontales (labor de dechado).

La policromía que le confiere la cerámica vidriada incide (como es habitual) en los blancos y verdes que combinan con el ladrillo anaranjado.

Sorprende también la multitud de fórmulas a las que se recurre: cilindros (¿acaso un lejano recuerdo de aquel mozárabe de los valles pirenaicos del Serrablo?), círculos cóncavos, rombos, motivos estrellados (cercanos estos dos últimos a los de la parroquieta de la Seo que fuera su modelo)...


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