jueves, 7 de febrero de 2013

SAFO O LA GIOCONDA POMPEYANA


Acaso sea una de los retratos más bellos y enigmáticos de la Antigüedad al que, a menudo, se le ha denominado a Gioconda de la Antigüedad.
Perteneciente al llamado cuarto estilo, algunos han querido ver en él un retrato idealizado de Safo, la poetisa de Lesbos del IV a. C. que ha pasado a la historia como la que dio nombre a la homosexualidad femenina (sáfico, lésbico)
Otros, sin embargo, hablan de un retrato (que se acompañaría de un medallón gemelo con el busto de un varón) de la esposa del matrimonio de la casa (Masseriadi Cuomo).
Y aún existen otras versiones: la representación de la mujer ilustrada como ideal que debió ser uno de los orgullos de una ciudad tan cosmopolita y refinada como sería Pompeya.
Lo cierto es su calidad plástica de suaves claroscuros y retrato psicológico.
Es especialmente interesante ver el peculiar uso que hacía de la perspectiva la pintura romana (tan distinto al que luego utilizará el Renacimiento que nunca conoció estas pinturas pues estuvieron enterradas hasta el XVIII bajo el lapilli del Vesubio)
Sólo hace falta que os fijéis en la perfección (perspectívica) con la que se sitúa su tabla, y la distorsión de su rostro, que aún entres cuartos, nos une dos visiones distintas (mirad los ojos y pómulos y lo veréis más claro), una técnica egipcia que sólo reaparecerá en las Vanguardias Históricas.

Por otra parte, la pintura es excepcional a la hora de capturar lo instantáneo, ese momento de pensamiento reconcentrado, interior, de duda o meditación, que nos muestra con el simple gesto de su cálamo sobre la boca.
Un gesto de intelectualidad que se ha repetido hasta la saciedad e la historia del arte por lo que permite hacer patente la actividad interior, y que resulta especialmente interesante tratándose de una mujer, siempre considerada inferior en este aspecto puramente intelectual.

Os dejo unos versos de Safo para cerrar el artículo que nos ha enviado una amigo, profesora de griego, muchas gracias

"Ya se ocultó la luna

y las Pléyades. 
Promedia la noche. 
Pasa la hora.
Y yo duermo sola"

"Viniste, hiciste bien, te anhelaba a mi lado,
a ti, que enfriaste mi corazón ardiente de
deseo"



5 comentarios:

  1. Estimado Vicente, llego a tu blog desde el de un común amigo, Paco Hidalgo y sabiendo quién era el mentor, sabía que el mentado iba a ser también magnífico. Me ha encantado tu análisis de esta Gioconda pompeyana, que yo, por deformación profesional, siempre asocio en mi imaginación con la "Décima Musa" cuando leo y explico sus versos.
    Desde siempre me había llamado la atención el delicado tocado de su cabeza, esa redecilla de oro que recoge el cabello con elegancia; fue una gratísima sorpresa descubrir hace unos años en la planta sótano del Palacio Massimo alle Terme, en Roma, el objeto real conservado y exhibido sobre un soporte y, detrás de él, una bella reproducción precisamente de este fresco.
    Cuenta, desde ahora mismo, con mis próximas visitas y, si me lo permites, con algún comentario.
    Mil saludos.

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    1. Muchas gracias por tus palabras.
      Por cierto, ¿me podrías mandar algún verso con el que ilustrar el artículo?

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  2. Estimado Vicente, la producción de Safo no es muy extensa pero sus versos destilan profunda y encendida pasión; escojo algunos de los, para mí, más hermosos:

    "Viniste, hiciste bien, te anhelaba a mi lado,
    a ti, que enfriaste mi corazón ardiente de
    deseo"

    "Amor ha sacudido mis sentidos,
    como el viento que arremete en el monte a las
    encinas"

    "Ya se ocultó la luna
    y las Pléyades. Promedia
    la noche. Pasa la hora.
    Y yo duermo sola"

    Espero que alguno sea de tu gusto. Mil saludos.

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  3. ¿Podría copiarlos para ponerlos en el propio artículo? Son bellísimos

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    1. Estimado Vicente, no sólo puedes, sino que es todo un honor que lo hagas.
      Mil saludos.

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