jueves, 3 de julio de 2014

LUIS DE MORALES. ECCE HOMO


Luis de Morales representa una vía sumamente particular del manierismo hispano. En palabras de Checa "superando la dicotomía entre clasicismo y emocionalismo, sitúan el acontecimiento religioso en un mundo conceptual, fuera del tiempo o sin tiempo. (...) El lugar inexistente del milagro"
Tras un periodo mucho más emocional (en unos casos, que tiene mucho de goticista) o manierista (en otros, basándose en Rosso o Pontorno) consigue un equilibrio entre el manierismo y la devoción contrarreformista.
A este periodo corresponde la obra en donde podemos detectar su conocimiento del manierismo italiano (acaso por un viaje a Milán, aunque algunos autores lo derivan de Yañez de la Almedina) en la delicadeza (casi de porcelana, brillante y saturada) de la piel, los colores metalizados, la anatomía...
Junto a ello huye de la retórica del gesto, de las composiciones alambicadas o del espacio descoyuntado de lo italiano para, sobre un fondo negro que lo aísla, convertir la imagen no en ejercicio pictórico sino en una de devoción particular (de ahí sus temas recurrente: Dolorosas, Ecce Homos...).
La importancia del gesto (que se desvincula del resto de la pintura) y la iluminación juegan a favor de esta contemplación y oración silenciosa, una lección que no olvidará el Greco, como ya vimos en sus apostolados.

.


No hay comentarios:

Publicar un comentario