miércoles, 17 de septiembre de 2014

LA CATEDRAL. CUANDO RODÍN INICIÓ LA ESCULTURA COMTEMPORÁNEA



«Manos pequeñas e independientes que, sin pertenecer a ningún cuerpo, están vivas. Manos que se alzan, exasperadas y malignas, manos que ladran con los cinco dedos erizados como si fueran las cinco gargantas del perro del infierno. Manos que caminan, duermen, y manos que se despiertan..

(Rilke, 1903)


Sabido es que a Rodin le gustaba almacenar moldes de manos en los cajones, y desde principios de siglo ya había comenzado a utilizar aisladas en sus obras (Secreto, 1900), manos del diablo, de los amantes o saliendo de la tumba.

Con ello estaba iniciando una característica que será muy repetida en el arte contemporáneo, la estética del fragmento, que ya no esculpe el cuerpo entero o el busto y descontextualiza una parte del cuerpo, pues si no os habéis fijado, se rata de dos manos derechas, no las de una sola persona (es la fragmentación del sacrosanto cuerpo humano que Picasso realizará, como una verdadera obra de demolición, con el cubismo y más tarde con sus metamorfosis, o Duchamp con sus objetos eróticos)



Apeadas (como es habitual en la obra del artista) del podio tradicional, acercándose así al espacio del espectador e interactuando con él más como objeto que como obra de arte, la verdadera genialidad de estas manos es lo no hecho. El vacío.
Esas manos mantienen sujeto un espacio vacío, algo que no vemos pero podemos sentir perfectamente.
Este rasgo será uno de los más característicos de la escultura del XX y será tratado una y otra vez por Gargallo, Picasso, Julio González, Moore, Chillida, como ampliamente hemos visto en este blog. 



La forma cerrada (llena) de Miguel Ángel se ha dinamitado y la escultura es un conjunto de llenos y vacíos en donde el espectador es protagonista. Una verdadera forma arquitectónica, un contenedor del espacio que de pronto toma forma y se nos ofrece, recién inventado.

Originalmente la obra (1908) iba a denominarse el Arca de la Alianza, un título muy acorde con el espíritu simbolista (tan decimonónico) que convivía (junto a la redicalidad más modena) en Rodin.
El título actual hay que vincularlo con el libro sobre las catedrales góticas del propio Rodin, asimilando la esultura a la nave y cubierta gótica


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