jueves, 19 de enero de 2017

TIZIANO: COMITENTES, MARCHANTES Y TALLER

Tiziano fue un revolucionario no sólo en la técnica pictórica, sino también el la forma de entender el negocio de su arte, y al igual que Rafael, organizó un taller fuera de las habituales costumbres a la vez que se aplicaba de forma vehemente a la promoción de su arte y su figura pública.

Retrato del dux Francesco Venier

En el terreno de los comitentes, y además de los más obvios (iglesias venecianas y de las ciudades de su entorno, dux, entidades locales, nobles y alto clero veneciano), Tiziano cultivó las relaciones (muchas de ellas terminadas en verdadera amistad) con nobles y reyes que le permitió no sólo ampliar el mercado de sus obras sino también convertirse en un verdadero árbitro del gusto y creador de tendencias a la hora de crear imágenes representativas del poder.
Sus primeros grandes contactos serán dos principados italianos cercanos a la órbita veneciana: Padua y Ferrara gobernados por Isabella y Federico Gonzaga y (Ferrara) su primo, Alfonso d' Este. 
Para ellos realizó retratos, palas de altar y las primeras poesías (estudiolo de Alfonso, actualmente en varios museos, conocidos como poesías que serían origen de las poesías posteriores para Felipe II, aún príncipe), relacionándose con los grandes poetas Ariosto y Tasso mientras conocía la herencia miguelangelesca y rafaelesca gracias a la obra de Gulio Romano. A partir de 1532 se uniría Francesco Maria della Rovere, duque de Urbino.
Más adelante establecerá una intensa relación la monarquía española. A Carlos V lo conocería en Bolonia durante su toma de posesión, siendo desde entonces el gran intérprete de la imagen del poder y de la religión del imperio austriaco.
Estas relaciones se mantendrán con su hijo Felipe II para el que realizará también sus más famosas poesías.

Por último, y tras varias invitaciones, acudirá a Roma en 1542 para retratar a los Farnesio (con Paulo III a la cabeza), ver antigüedades clásica y medirse, aunque fuera de una forma casi simbólica, con Miguel Ángel.

Mucho de estos contactos serán iniciados por su amigo íntimo, el famoso Aretino que, tras el Sacco de Roma, retornará a su Venecia natal y se convertirá en su gran hagiógrafo y marchante que aprovechará sus amplísimas redes de contactos a favor del pintor.
A su muerte serán ya verdaderos especialistas en arte (marchantes ya casi en nuestro acepción actual) los que lleven la venta de sus obras (Strada, Haanen y Stoppio) que en sus últimos años alcanzarán precios altísimos por su gran demanda, lo que obligará al taller de Tiziano a repetir los modelos de mayor éxito que el maestro simplemente terminaba con unas cuantas pinceladas y luego firmaba.



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