martes, 9 de enero de 2018

RAFAEL Y LOS TAPICES PARA LA SIXTINA


En 1515, Rafael había terminado, junto a su taller, los frescos de la Sala de Heliodoro e iniciaba los del Incendio del Borgo, ya bajo encargo directo de León X.
En estos momentos también recibió un nuevo encargo que debió ser especialmente relevante para el pintor: los cartones para unos tapices destinados a la zona baja de la capilla Sixtina, en la que Miguel Ángel ya había realizado su famosa bóveda.
Había, por tanto, en ellos, toda una solapada competición contra su gran rival que, en gran parte, debió estar presente en su cabeza mientras ejecutaba los grandes bocetos.

Posiblemente derivado de ella es la creación de escenas de grandes figuras que llegan hasta el mismo límite de la superficie, dejando el paisaje en un plano secundario.

De la misma manera hay toda una búsqueda de anatomías poderosas y gestos corporales intensos que ya había comenzado a realizar en la Expulsión de Heliodoro y aún se volverán todavía más manieristas en la del Incendio.

Pese a todo el sello del maestro es bien perceptible en su deseo irrenunciable por una composición perfecta, unas veces puramente simétrica, en otras ocasiones jugando con contrapesos.



Como el paso a tapiz no permitía excesivos detalles, Rafael valoró más los cromático, jugando con pocos pero rotundos colores que ya se metalizan y tornasolan continuamente.

Realizados sobre papel, registraban los Hechos de los Apóstoles que completaban el ciclo Véterotestamentario del Techo y novotestamentarios de las paredes pintadas en el Quattrocento
Los cartones se terminaron  en 1516, siendo enviados al taller de Pieter van Aelst III en Bruselas.

Su influencia (tanto directa como en los grabados que se realizaron de ellos) fue fundamental, extendiendo la gran maniera de finales del Cinquecento por Países Bajos e Italia (Tanto Poussin como los Caracci los tomarán como el gran ejemplo a imitar)

lunes, 8 de enero de 2018

PALAZZO CHIERICATI. PALLADIO


Esta obra siempre me ha resultado una de las maestras del arquitecto.
Varias razones se unen para ello.
Por una parte, se trata de una de sus escasas obras que ha respetado gran parte de los planos iniciales del autor.
Por otra, gran parte de la obra fue terminada (también una excepción entre los palacios de Palladio).
Es también destacable la relación que se estableció entre arquitecta y mecenas (Girolano Chiericatti), como más tarde veremos.


La situación de la obra era excepcional para Palladio, sin edificios colindantes y en una gran plaza, con una posición dominante sobre el entorno, muy cerca del río.
Probablemente este carácter cuasi portuario fuera el origen de la inspiración del arquitecto, que quiso recordar las palabras de Vitrubio que hablaba de los edificios de amplios pórticos sobre la costa (como luego la arqueología confirmó, como se pueden ver en algunas pinturas pompeyanas).

Junto a ello el gran pórtico era una perfecta forma de reafirmar el status del comitente que, como aseguró ante el propio Consejo de la ciudad, realizaba el edificio como ornato de la ciudad, pues el pórtico, tanto practicable desde el frente como desde los laterales era un espacio privado y a la vez público, con fuerte proyección hacia el exterior.
Para dicho pórtico, Palladio recordó a Alberti y su prevención ante la unión de columna y arco, creando un gran entablamento recto sobre los órdenes.
Para su creación utilizó su tradicional esquema tripartito, con dos alas y una zona central, adelantada. Para remarcar el ritmo utiliza la agrupación de las columnas, dobles en los extremos y cuátriples en el cuerpo central.

Se crea así un verdadero bosque columnario verdaderamente apabullante, una estructura soberbia y absoluta que se alzaba sobre la plaza para evitar inundaciones y subrayarse, sin un movimiento explícito pero constantemente en cambio que pocas veces se había visto en la historia, ni siquiera en el mundo clásico.


Esta sensación es aún mayor en su visión lateral, entrando por los arcos que cierran el pórtico y dejar que la mirada (pero también el cuerpo) se diluya en un espacio medido y solemne, de un poderío estremecedor.

Sobre todas estas cuestiones aparece un elemento de maravilloso manierismo, cerrando la parte central.
La idea fue propuesta por el propio comitente que necesitaba una gran sala de fiesta en la parte inferior que literalmente no cabía en un palacio bastante estrecho.


Palladio, ante este pie forzado, llegó a la sublimidad, alterando cualquier lógica posible con ese cuerpo saliente que se coloca sobre el vacío inferior, rompiendo la logia superior con su interrupción y creando un elemento disruptor que, a través de la luz y las profundas sombras, fragmentaba la percepción de los espacios al darle aún más importancia por medio de las columnas prominentes del muro y la decoración miguelangelesca de los frontones.

Véase su relación con las Tumbas Mediceas de Miguel Ángel


El interior no se encuentra a la altura de la fachada aunque el espacio de recibimiento, con sus dos exedras laterales que recuerdan a futuras obras de Pietro da Cortona, resulta magnífico.

La angostura del espacio crea pequeñas habitaciones y deja el patio tan solo insinuado el patio (¿habría construido uno entero?; las fuentes no nos lo revelan)



domingo, 7 de enero de 2018

LA CENTRAL TELEFÓNICA DE LA CONCEPCIÓN


Construido en los años 70 por Julio Cano Lasso cuando el barrio era un gran descampado , es un gran bloque sin ventanas, un verdadero búnker de ladrillo, defensivo y cerrado, que resulta un tanto amenazante, aún más con los contrafuertes semicirculares de las paredes laterales (en realidad, chimeneas de ventilación).

Este aspecto amenazante, mentalmente inexpugnable, obedece a su función: la protección climática y aislamiento de los instrumentos de telecomunicación internos que, visualmente, asoman hacia el exterior por medio de una gran antena

sábado, 6 de enero de 2018

JONH BERGER. SOBRE LOS ARTISTAS

Cuánto hubiera dado por leer este libro cuando era estudiante y ansiaba conocer algo más que puros datos y lugares comunes, pues en él he encontrado decenas de pensamientos que me ha llevado años elaborar, tan perfectos y diamantinos como jamás hubiera creído.
Por sus páginas, en artículos que no suelen exceder las cinco páginas, el famoso crítico de arte y heterodoxo pensador hace un repasado a la pintura desde la prehistoria y hasta el siglo XIX, combinando historiografía, estética y memorables hallazgos intelectuales sobre los distintos artistas que tan cerca se encuentran de la gran poesía.
Una verdadera guía de cabecera para el que quiera empezar a comprender el Arte (con mayúscula) y empezar a entrever todo lo que nunca se cuenta de él, enredándonos en datos y escuelas.
Magnífico. Magnífico. Magnífico
                                                           

jueves, 4 de enero de 2018

CAMERA DE SAN PAOLO. CORREGIO. PARMA


Hacia 1520, la abadesa dela monasterio de San Paolo de Parma, llamaba a Correggio para continuar la modernización de las estancias privadas del conjunto.

Seguía así una larga renovación que ya había dado sus frutos con la decoración de su apartamento privado creada por Araldi.
Frente a esta obra hay muchas más incógnitas que certezas.
Ni siquiera sabemos la función de la sala ¿comedor, sala de representación?



Tampoco sabemos con exactitud las obras en las que se pudo inspirar, aunque evidentemente tras esta obra esta Mantegna (su cámara de los esposos en Mantua y, tal vez, la del Belvedere, pintada en Roma y hoy desaparecida), acaso Rafael y su Taller (estancia de la Signatura o la propia Farnesina) e incluso Leonardo y su sala delle Asse con su juego de enredaderas que se unen en el florón central que incorpora el escudo del comitente.

En cuanto a su interpretación también ha sido muy discutida
Panofsky habla de la representación de las virtudes de la abadesa (el "espéculo moral" ), seguido por cuatro elementos ("espéculo natural") y por los dioses ( "Doctrinale espéculo "). 
Roberto Longhi habla de una alegoría de la caza como una búsqueda de la verdad, amparándose en la figura de Diana que preside la chimenea

Otros, partiendo de los objetos sostenidos por las telas de lino plantear interpretaciones alquímicas
O acaso, todo esto y nada, siendo  la decoración un acertijo múltiple que ofrecer a sus invitados y servir como entretenimiento o como origen de especulaciones filosóficas y morales.

Estilísticamente hay fragmentos verdaderamente memorables como los lunetos que simulan divinidades mitológicas realizadas en grisalla, con un asombroso efecto de trompe l' oeil gracias a las sombras proyectadas que se relacionan directamente con los ventanales reales de la estancia.

También dignas de mención son las aperturas de la "cúpula Vegetal" en donde aparecen putti que sustentan objetos (según Panofsky) relacionados con los lunetos inferiores.

Los modelos, aún inspirándose en los rafaelescos, los superan con su tratamiento pictórico (con una suavidad que nos hace pensar en una Venecia que nunca conoció Correggio) y su juego de ocultación/presentación generado por su posición ambigua respecto a los óculos abiertos hacia el cielo.




Como última delicatessen, los diversos objetos que se mantienen en inquietante equilibrio sobre las telas de lino que, con sus transparencias, nos hablan, de nuevo, de la superación del modelo romano por otro mucho más visual

miércoles, 3 de enero de 2018

LA PIEDAD. EL TESTAMENTO PICTÓRICO DE TIZIANO




































Igual que la Pieta de Rondanini lo fue de Miguel Ángel, esta Piedad es el testamento artístico de Tiziano.
En ambos casos quedaron las obras inacabadas, dejando al espectador el camino abierto para ver los secretos de la cocina de sus creadores.
El cuadro (rematado en algunos aspectos por Palma el joven), es toda una reflexión sobre la muerte de un hombre ya nonagenario y envuelto en la mayor Peste que había conocido Venecia y que había afectado a su propio hijo, Orazio.
La obra también puede entenderse como la obra última producida para él mismo (pues la tenía destinada para su propia tumba) en donde pretende su salvación (haciéndose acompañar de sus santos protectores, como podría ser José de Arimatea, San Jerónimo o el Santo Job, figura que sostiene el cuerpo muerto de Cristo, pero también (acaso) el propio ofrecimiento de su muerte para salvar a su citado hijo (¿acaso es ese el significado el pelícano borrosamente esbozado en el mosaico del la bóveda que se rasga el vientre, como decían los bestiarios, para dar de comer a sus polluelos con su propia sangre o la actitud suplicante de la figura de la derecha en la que se ha querido ver el último y más desesperado autorretrato del pintor o la curiosa tablilla de la derecha en donde pintor y vástago oran ante una Virgen?).

Sea cual fuera la interpretación, o cierto es que la pintura es la perfecta representación del último estilo del maestro, en especial cuando se enfrentó a cuadros de temática religiosa.
Como ya vimos aquí, dos herramientas dominarán la técnica del momento: la luz y la mancha.


























Frente a la primera encontraremos un claroscuro cada vez más poderoso y expresivo que cargará de emotividad la escena, envolviéndola en un mundo casi onírico de reverberaciones, sombras y reflejos que disolverán las formas hasta convertirlas casi en una sopa corpórea.

Íntimamente relacionada con esa extraña y significativa luz, la manera de su pintura se volverá cada vez más fluida, con una pincelada de soltura extrema (a veces incluso aplicada con los propios dedos) que potencia la técnica anterior, eliminando volúmenes y ambientes en sus torbellinos y aniquilando definitivamente una de sus maestrías, la belleza del color (sólo hace falta compararla con una obra de sus inicios, como Amor divino y humano).

 




















Con todo ello consigue crear más una atmósfera que una escena, un vago pero ruidoso sentimiento de aniquilación de las formas sensibles semejante (aunque con técnicas muy distintas) al non finito miguelangelesco de su Pietá de Rondanini en donde la belleza ha cedido a la tragedia, a la profunda decepción (y casi podríamos decir, abandono) de este mundo para internarse en las penumbras de lo que aún no conocemos
Pietá de Rondanini. Miguel Ángel




martes, 2 de enero de 2018

GIULIO ROMANO EN MANTUA (1) EL PALACIO DEL TE


Federico Gonzaga, siguiendo la estela de mecenazgo de su madre, Isabella del Este, consiguió (a través del humanista Baltassare Castiglione) la llegada de Giulio Romano a Mantua.
En su figura se unió la de arquitecto y pintor, siendo el relevo natural de la primera generación de artistas que trabajaron en Mantua, especialmente Alberti y Mantegna.

En el campo de la arquitectura el Palacio de Te fue su obra maestra.
Se trataba de una villa suburbana, en una antigua isla llena de tejos que fue unida a la ciudad, desecando para ello una zona pantanosa. Un lugar de  "delicias" en donde refugiarse del quehacer cotidiano, constituyéndose en el reverso del Palacio Ducal, dedicándose el primero a la política y el segundo al ocio particular.

Pese a ello, no debemos considerar el Palacio como una obra estrictamente privada, pues su ya sola existencia era un símbolo de poder (sofisticado) del duque, sirviendo como lugar de recepciones de personajes ilustres, como lo sería el propio Carlos V



Para su construcción se eligió un formato horizontal que combinara zonas de residencia y jardines, organizándolo en torno a grandes espacios vacíos: un patio en la zona palaciega y un jardín formal junto a ella en donde se colocaban las caballerizas, servicios y zonas de ocio.






Toda la arquitectura responde a la primera evolución de la arquitectura manierista-romana en donde, aún manteniendo los esquemas clasicista, se introduce en ellos "irregularidades" o juegos conceptuales que tienen como misión romper la armonía formal a los ojos avisados de los buenos conocedores (pues hay que recordar que el palacio está pensado para la Corte y visitantes cultivados que supieran admirar las rupturas de la norma)

Estas rupturas aparecen por doquier, haciendo de la arquitectura una verdadera máquina de sugerir tensiones, interrupciones, excepciones, roturas y caprichos, aunque frente a la terribilitá miguelangelesca, lo lúdico y sorprendente consigue atenuar la tragedia.
Aparece así un lugar de sorpresas (de metáforas), aunque lo suficientemente controladas por el esquema general para evitar el caos y permitir su degustación reposada y caprichosa.
Ante ellas el espectador se ve inmerso en un arquitectura autorreferencial que habla de sí mismas y de sus orígenes a través de la excepción de la norma

El piso principal, en vez de la zona principal, ocupa la planta baja, dejando la superior para dependencias de servicio.

Dobles pilastras de orden gigantes rompen el módulo quattrocentista tanto en la visión horizontal como la vertical.

Las ventanas hacen "estallar" el módulo de la pared con un resalto almohadillado de sus sillares que invaden el lugar que debería ser liso (y por tanto neutro) frente al vano, introduciendo entre ambos un resalto que no participa ni en el plano de la pared ni en el hueco

Las columnas se ocultan bajo una rusticidad falsa, creada con estuco

El piso superior se sobrealza artificialmente (en el interior no se corresponde) para "presionar" el superior

Algunos triglifos "se descuelgan" de su propio friso, rompiendo con su origen primigenio de cabezas de vigas
Los frontones carecen de parte inferior y son invadidos (como tantas zonas) por un almohadillado que recubre los muros como si se tratara de una "epidemia cutánea"

Sillares sin devastar se incrustan en los tímpanos


Su famosa fachada hacia el patio, una reinterpretación manierista de la villa Madama de Roma que combina el agua con un pórtico que, de apariencia clasicista, rompe con sus normas (una vez más)





lunes, 1 de enero de 2018