miércoles, 4 de septiembre de 2013

LA ESCALERA DE LA BIBLIOTECA LAURENCIANA. MIGUEL ÁNGEL


Pocas arquitecturas son tan indicativas del drama moral (general e íntimo) que representa el manierismo cálido de Miguel Ángel que esta pieza de arquitectura espectacular.

En realidad se trata sólo de un vestíbulo (rizzetto) para comunicar el claustro con la galería de la biblioteca (también suya y a la que pronto dedicaremos otro post), salvando la altura entre ambas.
Para su realización, alargada en el tiempo por cuestiones personales y políticas, Miguel Ángel cambió por completo el concepto de arquitectura, borrando de un solo plumazo el clasicismo del Cinquecento. (Ackerman habla de paso de una arquitectura de relieve, como sería la del Quattrocento e incluso sus Capillas Mediceas a otra de espacios, como la de Bramante, pero profundamente emocionalizados)

Nada más entrar vemos su desproporción manifiesta (muy estrecho para su enorme altura) y una extraña sensación. La arquitectura más parece la de una fachada al exterior con sus frontones, columnas vistas… en donde el muro ha perdido por completo su protagonismo

Ocurre, además, que los elementos se agigantan de forma desproporcionada, rompiendo con la armonía tradicional del renacimiento

Ventanas con enormes frontones que quedan aprisionadas sin espacio en sus paños.


                
Estípites. Columnas adosadas que disminuyen según descienden (verdaderamente anticonstructivas), volviendo a crear un sensación de desequilibrio

 Dobles columnas que nada sujetan que, en vez de reforzar la pared, se embuten en ella, de nuevo creando un sentimiento de opresión (Aunque esta sea la sensación, curiosamente son las columnas las que sustentan, siendo el muro un puro paramento)
                 
Dobles ménsulas que las “no sustentan”, impidiéndoles su llegada lógica al suelo

Esquinas en donde se pliegan los elementos, como si una fuerza invisible hubiera reducido el espacio encastrando los paños unos en otros


Dobles frontones que se rompen o se presionan entre sí.

Y todo, utilizando la bicromía que hiciera famosa Brunelleschi pero dándole la vuelta: ya no nos distingue lo estructural y activo de o pasivo, sino que nos remarcan aún más los elementos arquitectónicos y su sufrimiento en un mundo ya sin reglas posibles, impedido de la belleza, siempre amenazado por la muerte.

En este espacio la escalera (realizada por Ammanatti siguiendo las cartas del maestro) es un verdadero objeto más digno de admiración que de uso (de nuevo una ruptura del ideal de equilibrio del clasicismo).

 Como hablan Morán y Checa acerca de Palladio, se convierte en una idea abstracta, un puro amasijo de volúmenes y formas, casi como si fuera una escultura (o arquitectura) contemporánea.

De tres entradas que convergen en una final a través de dos volutas, sus peldaños curvilíneos crean una enorme movilidad  que termina desparramándose por completo en los tres inferiores, generándose una nueva sensación de constante crecimiento que muy pronto llenará la estancia.

¿Qué nos queda de la calma clásica, de su orden, armonía, funcionalidad?
¿Qué, incluso, del observador contemplativo que analizaba mentalmente la obra?
Ahora somos observadores pero a la vez sujetos, y de la razón hemos de pasar a los sentimientos

La angustia lo ha invadido todo, de la misma forma que estaba sucediendo en su pintura (Juicio Final, Capilla Paulina) o su esculturas (últimas piedades)


3 comentarios:

  1. Tanto genio el de Miguel Ángel para idearla como los que la han conservado y los que posibilitaron hacerla, con materiales que en sí mismos tienen un valor estétito.

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  2. En Bielorrusia, leyendo sobre la fabulosa escalera Laurenciana y decido entrar en Google para verla. La mejor foto: aquí. ¿El título del blog? Me suena, pero estoy cansado (Excusa). LLego y... ZAS Nos volvemos a encontrar.
    Tu exalumno y casi compañero en Los Olivos te encuentra y el modo no puede ser más feliz: el arte.
    Me ha hecho mucha ilusión.
    Fernando.

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    1. Ilusión la mía de que se sigas acordando de mi. Por cierto, que sepas que te tenemos muy presentes en nuestras conversaciones Mª Jose y to. Un abrazo muy fuerte

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