martes, 27 de noviembre de 2012

CONOCIENDO A CHILLIDA (3) EL ESPACIO

El espacio me ha interesado sobre todo para preguntarme sobre él, sobre sus características y sus incógnitas


El espacio interno siempre ha sido una preocupación de la escultura contemporánea. Nosotros ya vimos algunos de sus primeros ejemplos en las obras de Rodín (La Catedral), de Gargallo o la de Julio González en donde el vacío se vuelve positivo y es el verdadero sentido de la escultura.
Desde muy temprano Chillida trabajará en este sentido y desde sus primera obras vemos como la estructura material se encuentra realmente fusionada por planos invisibles .

Son sus mallas de hierros que nacen de un núcleo central ya estaban planteando el inicio de estas ideas.
Con el tiempo, el espacio y su apresamiento se hace cada vez más evidente, creando verdaderos núcleos en donde es exprimido. El propio autor ha hablado a menudo de la idea de mano, de garra como el origen de partida (manos que tan habitualmente aparecen en sus grabados).
Toda mi obra está condicionada por las modulaciones de la mano
.
Así se comporta el conocido Peine de los Vientos o lo profundo es el aire que mostramos a continuación.

Sin embargo el paso decisivo se da en sus obras monumentales en donde este espacio aparece a tal escala que es paseable. La escultura, entonces, más que a la visión es accesible a través del cuerpo y el movimiento. Aparece entonces la percepción háptica, aquella que se recibe a través del cuerpo y sus movimientos. (Alguna de sus posibilidades ya las analizamos en el arte barroco, aquí)

El espectador, ya por completo activo, ha de moverse no solo en torno sino dentro de, investigar las formas pero también sentir uno de los primeros enigmas del universo, lo que aún no existe, un lugar que nos rodea pero del que solo entonces somos conscientes.

Un verdadera visión impura, tal y como la denomina Aura Fernández de Polanco


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