Ucello siempre se mueve entre el gótico y el más radical Quattrocento.
En este caso, el tema y su representación (una visión evidente del mundo cortesano que había florecido entre los juglares de la Borgoña) nos presentan el tema del héroe como salvador de la princesa, casi como un verdadero cuento de la Leyenda Dorada.
También lo es su idea de la belleza femenina, tan recatada y pasiva, o del horror, con un dragón hecho como hacían los demonios en el mundo gótico (con sus maravillosas e ingenuas alas de mariposa).
Sin embargo vemos ese caballo en perspectiva (como hacía en su batalla de San Romano) y su perspectiva lineal del paisaje (asombrosamente generada) y nos debemos rendir a uno de los primeros genios del Renacimiento

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