lunes, 19 de noviembre de 2018

SAN MILLÁN. SEGOVIA


Junto a la Vera Cruz es, con mucho, la mejor iglesia románica de la ciudad.
Su origen es prerrománico (¿Fernán González? o más probablemente, por Raimundo de Borgoña repobló hacia 1080). Una pequeña capilla en el barrio bajo de la moreria y los tejedores del que aún conservamos una torre en ladrillo a la que posteriormente se le añadió un chapitel renacentista.

Ya a principios del siglo XII pertenece el cuerpo principal de la iglesia de tres naves, crucero no destacado en planta y tres ábsides.

Constuido por iniciativa de Alonso I el Batallador (por entonces casado con Doña Urraca) entre  1111 y el 1123, retoma ciertas fórmulas de la catedral de Jaca, como la alternancia de pilares cilíndricos con otros crucifomes, así como el uso de formas califales en la cubierta del cimborrio, el taqueado jaqués o la forma de moldurar los ábsides tanto en las ventanas abocinadas como en sus columnas adosadas.



En la nave central se utilizó una cubierta mudéjar de madera (evidentemente un cambio de plan frente a la idea original que disponía toda una estructura de pilares y columnas adosadas en donde se podría alzar una bóveda de cañón con fajones, como en realidad existe en el tramo anterior del presbiterio)

Posteriormente se le añadió un cuarto ábside y las galerías perimetrales, típicas de esta zona, como ya hemos visto aquí.

Su interior resulta magnífico, de gran monumentalidad, con un excelente friso de arquillos ciegos en la parte baja e interior del ábside central.
Con las esculturas exteriores (capiteles y canecillos) muy deteriorados por la erosión de la roca caliza, aún persisten otras (anteriores) en el interior, como una huida a Egipto o una Natividad con la adoración de los magos.



También se han descubierto pinturas murales góticas (siglo XIII), como las magníficas del crucero con una Deesis o un San Cristóbal





domingo, 18 de noviembre de 2018

LOS BAÑOS ÁRABES DEL ALCÁZAR DE JEREZ DE LA FRONTERA























Ya explicamos todas sus partes y conceptos derivados en este artículo que os animo a leer antes para cualquier aclaración.
Se trata de unos baños regios vinculados al poder (y por ello en el recinto del Alcázar), de tiempos almohades, con espectaculares cubiertas
Sala Fría































Sala templada



























Sistema de trompas (como las presentes en la mezquita aneja)
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Cúpula sobre trompas en esquina de zona templada
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Sala caliente



























Zona caliente (excavación con el hipocausto y el horno)
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Noria de Sangre para el abastecimiento de agua del recinto




sábado, 17 de noviembre de 2018

ÁNIMA MUNDI. R. MATEMOS LA HISTORIA Y EL ARTE, POR FAVOR

Admiro cuanto escribe Solsona (al que le denominan el Malo), aunque siempre le reprocharé que no tenga el valor de terminar sus intuiciones y convertirlas en revoluciones.
No sé, tal vez sea porque para eso ya estoy yo. El irreverente R.
Así que recojo el guante que me dejó tendido en su reflexión sobre la manipulación de la historia y digo:

Volvamos a matar a Velázquez por pintar a Reyes absolutos y sociedades Hestamentales en donde no había libertad ni democracia.

Quememos el buey desollado de RemVrandt en honor a la ideología vegana. 

Rompamos a hachazos las señoritas de Avignon por denigrar la libertad sexual de la mujer. 

Arranquemos todas las páginas del Quijote que denigran a los a los discapacitados mentales, de las poesías de Lorca que inciden en los tópicos del pueblo gitano, de todas las obras de García Márquez en donde no hay ningún gay o el cantar del Mio Cid por su apología de la violencia. 

Hagamos cachitos las obras de Mozart que compuso para sociedades corruptas y las que Bach dedicó al falso dios de los protestantes. (Y de paso todas las del primer disco de la Orquesta Mondragón que hoy sería condenado, no sé si el disco o sus autores, a presidio indefinido por sus evidentes faltas de respeto ante todo) 

Eso, por el momento


jueves, 15 de noviembre de 2018

CARACTERÍSTICAS DEL ROMÁNICO LOMBARDO


Las iglesias del valle de Boí son un perfecto ejemplo (aunque sumamente tardío) del llamado primer románico o románico lombardo, que comienza en torno al lago de Como a finales del X como una síntesis de la arquitectura bizantina de Rávena a la que se unen influencias carolingias venidas más allá de los Alpes. 
Una de sus obras cimeras será San Abundio, en Como.








Este estilo se extenderá por el sur de Europa gracias a cuadrilllas de canteros (los llamados magistri comicini) que primero en el sur de Francia y luego en la Cataluña pirenaica (aunque existirán ejemplos en Aragón e, incluso, en Galicia, en San Martín de Mondoñedo, como ya analizamos).
Aunque con ciertas particularidades que analizaremos en otro post comencemos a ver algunas de sus características usando para ello las iglesias del Valle de Boí

En planta se suele utilizar la basilical (aunque también es habitual la cruciforme, como ya vimos en San Vicente de Cardona o Frontinyá) de varias naves que terminan en ábsides





























                                                         Boí







San Clemente de Tahull

Estas naves están separadas por soportes simples (en el valle especialmente serán grandes pilares circulares que en muchos casos carecen de basa o de capitel)






Santa María de Tahull

En el alzado se utiliza habitualmente el sillarejo (más pequeño e irregular que los sillares posteriores), con escasísimos vanos de medio puntos abocinados



San Clemente de Tahull



En las paredes encontraremos escasos contrafuertes en el sentido del románico pleno, en vez de ellos aparecerán lesenas o bandas verticales de efectos puramente decorativos.

Santa María de Tahull

Es también particular de este estilo los pequeños arquillos ciegos llamados lombardos para las zonas superiores.



San Clemente de Tahull


Aunque existió un gran arquitectura de bóvedas en piedra (Seu de Urgell, San Vicente de Cardona, Sant Jaume de Frontinyá…) en el valle predominan las cubiertas planas en madera a dos aguas, sólo utilizando bóveda de horno en los ábsides.



Santa María de Tahull




San Clemente de Tahull

Al exterior se cubrirá con pizarra cortada de forma semicircular.



Erill La Val



Una de sus características más peculiares serán las esbeltas torres adosadas a la cabecera, con pisos divididos en cuerpos de ventanas simples, geminadas o tripartitassustentadas en una pieza prismática.

Erill La Val




San Clemente de Tahull



Por lo que conocemos estarían decoradas con colores rojos y blancos sobre un enfoscado del que aún nos han quedado algunos restos.
Su apariencia sería muy cercana a la de una mezquita


San Clemente de Tahull





Reconstrucción hipotética de San Clemente de Tahull






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miércoles, 14 de noviembre de 2018

ANÁLISIS Y COMENTARIO. RONDA NOCTURNA. REMBRANDT



Tema. El cuadro se inserta dentro del género del retrato corporativo (doelen), tan característico de la escuela holandesa del XVII, que responde así a una peculiar situación social y política en donde la burguesía tiene un fuerte poder (frente a la nobleza e iglesia en los países católicos), convirtiéndose en comitente (el cuadro era pagado por los miembros de la compañía, lo que originó numerosos problemas a Rembrandt, pues su atrevida composición no respetaba escrupulosamente  los distintos rangos de los componentes)

Concretamente, representa a la compañía de milicianos comandada por el capitán Franz Banning Cocq (y su lugarteniente Willem van Ruytenburch) , celebrando la visita de María de Médicis (viuda de Enrique IV de Francia) a la ciudad de Amsterdam, preparándose para realizar una ronda que (en aquellos momentos) apenas ya si tenía funciones policiales y se había convertido en un puro desfile conmemorativo que mostraba el espíritu cívico de la ciudad (aunque sometido a una clara jerarquía que tanto se ve en el cuadro como en las distintas aportaciones económicas de los distintos retratados).

La escena en origen se desarrollaba durante el día, aunque el progresivo oscurecimiento de los barnices hizo que, en el siglo XIX, tomara el nombre actual.
Por otra parte, los avatares del cuadro al ser trasladado a una sala del Palacio Real (más pequeña que la sala de representación del Ayuntamiento para la que fue realizada) provocó su mutilación, recortándolo en sus laterales, tal y como podemos ver en una copia del original del siglo XVIII.

Composición. La obra está tratada de una forma particularmente dinámica, representando un gran número de personajes (en los que se evita las poses demasiadas estudiadas) saliendo de una callejuela en el momento de iniciar la marcha. El grupo aparece como sorprendido bruscamente por la cámara fotográfica, algo sumamente novedoso frente a las poses estudiadas que solían tener estos retratos corporativos.

Frans Halls

La composición resulta extremadamente viva gracias al movimiento y actitudes diversas de las figuras (una toca el tambor, otra sujeta la bandera, dos limpian sus arcabuces, una niña corre entre el grupo...) y la yuxtaposición de planos y personajes que, eliminando toda jerarquía, busca expresar el movimiento del instante y la sensación de grupo.
Esta confusión y dinamismo, sin embargo, tan sólo es aparente. Si se mira con atención se puede observar una cuidada distribución de las masas en torno a las dos figuras principales que, fuertemente iluminadas, forman el centro del cuadro. En torno a ellas, ocupando un plano más lejano y oscuro, se abren dos grupos compuestos en forma semicircular que abren espacios vacíos a sus lados, subrayando su importancia.
Por lo demás, la obra se estructura en torno a dos ejes. El horizontal está determinado por un telón de figuras que cierran el espacio inferior, mientras que el vertical determina la posición del capitán. A ellos se unen, animando la escena, las diagonales marcadas por la larga lanza de la derecha y el asta de la bandera que tiene continuación en el bastón del capitán. Ambas líneas se cruzan en la niña, fuerte y extrañamente iluminada que, según algunos autores, podría ser la aparición casi fantasmal de Saskia, esposa del pintor fallecida ese mismo año, que porta un gallo, emblema de la compañía.


Pincelada. Como es habitual de la época y el autor la pincelada, heredada desde la escuela veneciana, es suelta, con gran riqueza de empastes (distintos según las zonas) y gusto por el tratamiento de las texturas. Aplicada a base de manchas la técnica define las formas sin recurrir al dibujo, buscando una unificación entre las cosas y los personajes con su entorno, difuminando los contornos.


El color. Toda la obra se desarrolla en tonos cálidos a base de ocres y tierras animados por los tonos rojos del echarpe que fijan la visión del espectador en la persona del capitán, destacando sobre su ropa negra, y los blancos dorados (tan típicos del autor) haciendo ecos a sus lados. En torno a esta zona de mayor cromatismo, surgiendo de la penumbra, aparecen pequeños puntos cálidos en las distintas caras y manos de la muchedumbre, como una especie de constelación que girara, tumultuosa, a su alrededor.





La luz. Básicamente proviene de la parte izquierda, aunque existen focos ocultos entre los propios personajes que iluminan parcialmente algunas zonas, creando el característico contraluz que aparece en muchas de sus obras.

Gracias a ella se nos destacan personajes y gestos que surgen de la penumbra, tal y como ya hacía Caravaggio, que tanto influyó en el autor. Sin embargo, en Rembrandt, esta luz resulta menos tajante que en el italiano, añadiéndole unos valores atmosféricos que unifican la escena y la humanizan, creando un verdadero espacio misterioso desde el que emergen los personajes de una manera efímera, como imágenes fugaces que forman parte propia del ambiente.

Por otra parte, como ya se dijo, la luz es la verdadera constructora en su estilo, potenciando las sensaciones de movimiento y dinamismo del grupo al mostrarnos sus múltiples gestos y ademanes que la propia penumbra subraya. Genera además el espacio, guiándonos por él gracias a estallidos luminosos que nos introducen en el lienzo (como la figura de la niña, en segundo plano y fuertemente iluminada) o nos lo comunican hacia el exterior (brazo del capitán extendido hacia nosotros y a la vez incluido en el cuadro gracias a su nítida sombra sobre el traje de su acompañante).

Por último, el tratamiento lumínico de la obra consigue crear una sensación de conjunto que, sin omitir la individualización de los personajes, unifica todo el ambiente consiguiendo un efecto total a la vez que cotidiano.


El espacio. La sensación producida por el cuadro, desarrollado en la calle, se pone en relación con el espectador, haciendo penetrar su espacio gracias a la acentuación del movimiento dentro-fuera que arranca desde las tinieblas del fondo y culmina en la mano extendida del capitán que invade nuestro espacio uniéndolo al del lienzo por la sombra proyectada sobre la ropa de su lugarteniente.

Como es habitual en el autor, encontramos espectaculares escorzos (a menudo potenciados por contraluces)


Esta preocupación por lo espacial y su relación con el espectador es típica del Barroco y, con distintos medios, podría observarse también en un cuadro contemporáneo de la Ronda, como sería las Meninas.

Personajes

Ya analizados anteriormente, destacan por su realismo, naturalidad, dinamismo y trabajo de las texturas.

COMENTARIO.




Esta obra es el perfecto ejemplo de lo que significó el estilo del Rembrandt maduro, pleno de facultades, que utiliza todos sus medios técnicos para conseguir una imagen potente y perturbadora que va más allá del puro encargo recibido.
Entre sus mayores logros destaca la luz, bajo cuya dirección se organiza composición y cromatismo. Las sucesivas capas de barniz que se aplicaron con posterioridad para proteger la obra han formado una pátina, oscurecida por el paso del tiempo, sobre la superficie de la obra que debió ser más clara o, al menos, más visible, haciendo apreciable la arquitectura del fondo, lo cual redundaría en favor de una estructura más estable y un espacio más concreto, cerrado por este telón de piedra, en donde la multitud y sus movimientos sería aún más intensos, potenciando la sensación de escenografía tumultuosa generada a través de los múltiples recorridos que el espectador puede realizar por el laberinto de personajes que ocupan el espacio y lo animan con sus gestos y direcciones contrarias.

Esta última característica redunda en su ya citada sensación de cotidianeidad, de escena sorprendida en pleno desarrollo que se expone como un instante atrapado y separado del tiempo, tal y como era habitual en el barroco, al igual que el tratamiento de la luz, del espacio continuo y degradado en profundidad o el ansia de realismo y las composiciones movidas por diagonales y ademanes de los personajes.

Todas estas características, tras un periodo de oscuridad y silencio que sucedería a la obra de Rembrandt desde la mitad de siglo (coincidiendo con la crisis económica holandesa y otra personal del propio pintor), cautivarán a pintores posteriores como Goya (sobre todo a través de su grabados), románticos como Delacroix o, ya en el siglo XX, al propio Picasso, que siempre asimilará la figura de Rembrandt con la del pintor por antonomasia, dedicándole numerosas obras en los años últimos de su vida, cuando su labor se volvió sobre la propia pintura y reinterpretó (enfrentándose a ellos) a autores consagrados, como Rembrandt o Velázquez.