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Infidelidad de agosto
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No veo nada
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Las profundidades de los armarios
Tú que antaño eras encantador de serpientes con tu verbo florido, hogaño apenas si llegas a ser entrenador de lombrices con tus miradas esquivas, llenas de miedos
Junto a ella hay otra más moderna y poderosa, en bronce negro. Una mujer de luto alza de forma imperativa una cruz, y sus formas se conectan con el mundo simbolista y expresionista europeo, enfrentando el reposo del prócer con una visión intensa y subjetiva de la muerte.
TODOS NUESTROS POST SOBRE BENLLIURE
El conjunto incluía palacio, cortile y una iglesia centralizada bajo la gran cúpula.
Al exterior se organiza de una forma sobria, como un gran palacio.
Todo el conjunto es una obra plenamente manierista en el sentido más miguelangelesco: grave, contenida, exclusivamente arquitectónica
I Las despedidas
Resulta paradójico que esta obra, tan espléndida, sea uno de los emblemas del movimiento futurista.
Son, técnicamente, uno de los mejores cuadros del movimiento italiano que retoma las divisiones cubistas que había conocido en París para plasmar la fugacidad y movimiento de la época moderna (encarnada en una de sus emanaciones, el ferrocarril y los viajeros).
Esta descomposición multiplica los perfiles y crea los primeros barridos que se repetirán sin cesar en el mundo futurista, y en especial en las dos últimas obras, la monocromía favorece la simultaneidad y la multiplicación de las acciones.
III Los que se quedan
Frente a todo esto, Boccioni comete el pecado (al menos para lo que será el mundo futurista) de los sentimientos y la psicología. Los propios títulos lo revelan.
Uno de los grandes gurús del movimiento maquinista que prefería un tanque a la Victoria de Samotracia y aborrecía de la sentimentalidad crea uno de los emblemas del ismo en el eterno tema (tan emocional) de las despedidas y las llegadas, de las pérdidas y los encuentros
Allí estaban los revitalizantes, exfoliantes, hidratantes, suavizantes, bruñidores, barnices, tensadores y pulidores. Allí estaban también los hipotérmicos, hipertérmicos, protectores, flexibilizadores y anestésicos. Y las bombillas de repuesto, claro. Susan era una Lámpara diseñada por Piet Marooder. Necesitaba bombillas.
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Se sentó en el Sillón de Opphuls que quedaba libre y apoyó los codos en las manos sudorosas y los brazos rígidos del mueble. El Sillón respiraba bajo su trasero. Era una sensación curiosa, como estar sentado sobre un tonel flotando en un mar en calma. El mueble estaba desnudo y se doblaba en bisagra con la espalda apoyada en el suelo, los brazos en alto y el culo empinado. Sobre éste se colocaba una pequeña plancha forrada de piel. Eso era todo. Las piernas alzadas servían de respaldo. Se trataba de objetos fuertes, de complexión atlética, pintados en pardo, perfectamente entrenados. Los había de ambos sexos. El suyo, a juzgar por la forma y tamaño de los miembros superiores, podía ser masculino. Intentó no moverse demasiado ni hacer gestos bruscos: se había sentado varias veces en Sillones de diferente sexo y edad, pero siempre los había tratado con delicadeza y respeto.
Una fina cubertería desnuda se movía de aquí allí. Eran Vajillas de Droessner. Tenían entre quince y dieciocho años y eran todas femeninas a primera vista, a menos que fueran transgenéricas, lo cual Bosch no descartaba. Habían sido untadas con una capa de nácar líquido de la cabeza a los pies sobre la cual Droessner había trazado una sutil filigrana de pájaros azules posados en ramas u hospedados en nidos. Había pájaros en los senos, en la espalda, en las nalgas y el abdomen. Llevaban cobertores auditivos y visuales, y por lo tanto estaban sordas y ciegas, pero aun así su trabajo era impecable. Recorrían el salón en un círculo inacabable, al estilo Escher, sosteniendo pequeñas bandejas con bebida y comida. Cada cierto número de pasos previamente calculado se detenían ante un invitado e inclinaban la bandeja. El invitado podía aceptar o no el ofrecimiento. Lo único que no podía era tocarlas: no eran adornos interactivos. «La Vajilla lujosa no se toca —pensaba Bosch—, ni siquiera aquí.»
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En el techo brillaba una Lámpara bisexual de Du Perrin, en las esquinas lucían más Lámparas, casi todas femeninas, así como Mesas y Aderezos. Bosch se preguntó a cuenta de quién recaerían los gastos de aquella carísima decoración. «¿Fondos de cohesión otra vez?» Jacob Stein y April Wood fueron las ausencias más notables. Por lo demás, el «gabinete de crisis» estaba intacto. El Hombre Clave, que seguía encaprichado con la Bandeja de dulces, se apresuró a resumir el tema de la reunión con una frase espectacular: —Rip van Winkle ha capturado a El Artista con un error de menos del cero, coma, cero cinco por ciento. Puntualicemos. Cero, coma, cero
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Ya nada nos diferencia de nadie, Lothar. Tengo en mi casa un retrato en cerublastina de Avendano. Es exacto a mí, tan exacto como un espejo, pero el modelo que sustituye al original este año es ugandés. Está en mi despacho y lo miro todos los días. Veo en él mis facciones, mi cuerpo, mi propio aspecto, y pienso: «Dios mío, por dentro soy negro». Nunca he sido racista, Lothar, te lo aseguro, pero me parece increíble verme a mí mismo y saber que por dentro, bajo mi piel, hay un negro oculto, y que si araño una de mis mejillas con la fuerza suficiente veré aparecer al ugandés detrás, inmóvil, a ese ugandés que llevo dentro y que ya no podré expulsar aunque quiera... entre otras cosas, porque el retrato es de Avendano y cuesta un huevo, ¿sabes?
Proyectada por el arquitecto estadounidense de origen japonés Minoru Yamasaki (quien también proyectó el desaparecido World Trade Center de Nueva York, las famosas Torres Gemelas)
La torre fue proyectada en el año 1974, por encargo del grupo Explosivos Río Tinto . Su construcción no se inició hasta 1980, . En 1984 los trabajos se detuvieron Finalmente, la Torre Picasso fue inaugurada en enero de 1989.
La estrecha sucesión de bandas verticales blancas y ventanas (acaso por el propio vértigo de su constructor) le da un carácter sumamente clásico y elegante.
Acaso su mayor proeza sea su gran arco de entrada que deja paso a un gran hall.

¿Qué son realmente nuestras imágenes en redes sociales?
Daniel Canogar nos puede dar una respuesta: puros algoritmos, los que utiliza en este programa que captura imágenes aleatorias de nuestras redes sociales y los convierte (para nuestra comprensión) en puras obras abstractas en donde nos convertimos en formas y colores (una plasmación sensible de dichos resultados)