miércoles, 8 de febrero de 2012

ANÁLISIS Y COMENTARIO DE LA PIEDAD DEL VATICANO. Miguel Ángel




Tema. Nos encontramos con un tema de origen gótico, la Piedad, que refleja el momento en el que la Virgen recoge en su regazo el cuerpo de su hijo muerto, tras el descendimiento de la Cruz
Sin embargo, su tratamiento es contrario al espíritu gótico, eliminando todo tipo de expresión del dolor de la madre  (como en el XV aún hacía Van der Weyden) para crear una imagen de suave melancolía, que quizás enlazara con algunas ideas recogidas tradicionalmente por los Evangelios apócrifos en los que la Virgen  recuerda la primera vez que tuvo a su hijo recién nacido entre los brazos, conociendo entonces a través de una revelación su futura Pasión). Esto explicaría su actitud pensativa, melancólica, inmersa en sí misma y sus recuerdos.




El material utilizado es mármol de Carrara trabajado a través de la talla y un posterior pulimentado de ciertas zonas que deja resbalar la luz.
Se trata de un conjunto escultórico pensado para su contemplación frontal, pues se iba a destinar a una capilla del Vaticano (tal y como se encuentra en la actualidad)
Su composición es claramente clásica, inscrita en un triángulo equilátero que le da estabilidad, con suaves movimientos (paños, cuerpo o mano de Cristo) hacia la derecha que es contrapesado por el suave contraposto de la cabeza de la Virgen y un gran paño que cierra la escultura por la izquierda. Todo ello permite un equilibrio y tranquilidad.
El modelado del material difiere según sus zonas, dando un mayor volumen a los paños bajos (para dar así una mayor estabilidad visual) y siendo mucho más suave en los cuerpos y paños superiores, que han sido muy pulidos para hacer resbalar la luz por la superficie y suavizar las formas.




Las figuras responden a un canon clásico, de posiciones estáticas y muy controlada expresividad. Destaca especialmente dos rasgos.
 Por una parte el perfecto conocimiento de la anatomía de la que hace gala en el cuerpo de Cristo, fruto de numerosos estudios anatómicos, alguno incluso prohibidos (como las autopsias realizadas de forma clandestina en el Hospital de los Inocentes de Florencia). 
Por otro lado, la figura de la Virgen (si la pusiéramos en pie) resultaría de un tamaño enorme. La razón de esto no es otra cosa que una pura corrección óptica que le permite al escultor dar un mayor apoyo al Cristo (y así estabilidad y armonía) del que siempre se había carecido en el gótico. En cuanto a los paños y sus texturas ya se comentó algo de ellos en el modelado, pero es interesante fijarse en su variedad, desde las más toscas telas inferiores a la suavidad de la camisa, que nos revela un gran interés por las texturas.




Comentario.
Evidentemente nos encontramos con una obra clásica del Renacimiento en su momento de mayor expresión (Cinquecento). Tanto el exquisito trabajo sobre el mármol, como su interés reiterado por la búsqueda del equilibrio y belleza idealizada nos hablan de una obra temprana de Miguel Ángel.
Durante este periodo del Cinquecento las diversas artes llegan a un periodo de plenitud tras toda la experimentación generada durante el Quattrocento.

 Los nuevos mecenas, el Papado, han sustituido a los antiguos príncipes de las ciudades (Médicis florentinos eliminados tras la revuelta de Savonarola, Montefletro, en Urbino, los Gonzaga de Mantua…) y en torno a Roma confluyen las principales figuras artísticas (Bramante, Leonardo, Rafael o Miguel Ángel). Esta nómina de autores dará una mayor monumentalidad a sus obras, recogiendo tanto la herencia grecolatina (se potencian las investigaciones arqueológicas) como la del Quattrocento.
En lo que se refiere a Miguel Ángel como escultor sigue la senda iniciada por Donatello, aunque dándole una mayor monumentalidad (Della Quercia). En el aspecto ideológico aún es deudor de las ideas neoplatónicas que en su primera juventud había conocido en la Academia de Lorenzo el Magnífico, buscando así la belleza idealizada que se encontrara en la pura esfera de las ideas (lo divino) según la interpretación cristiana que hizo del neoplatonismo Pico della Mirandola. De la misma manera las obras de este periodo buscan la exquisitez y la armonía (Virgen de Brujas) como lo podían hacer en arquitectura Bramante (San Pietro in Montorio) o Leonardo (Virgen de las rocas).


Sin embargo este periodo clásico será muy breve en la vida del artista, pues él será uno de los primeros que den los pasos que conduzcan al manierismo. Ya sea por su propia personalidad (angustiada) como por factores externos (Sacco di Roma, problemas religiosos de la reforma…), Miguel Ángel comenzará a alejarse del equilibrio y la armonía clásica para potenciar las distorsiones y los sentimientos trágicos (ambos ya presentes en su gigantesco David, a mitad de camino entre ambos estilos). Con sus pinturas de la Capilla Sixtina o su famoso Moisés se completará el cambio hacia lo expresivo (su famosa terribilitá, sus anatomías hercúleas, sus formas serpentinatas), en las que tuvo mucho que ver el descubrimiento del Laocoonte helenístico.


A partir de entonces todos sus esfuerzos irán conducidos a conseguir una mayor expresividad y angustia que represente su mundo interior, cada vez más terrible. Las experiencias se acumularán también en la arquitectura (Escalera Laurenciana, Capitolio, Vaticano), pictórica (Juicio Universal en donde compondrá una gran obra centrífuga) o escultórica (sus capillas mediceas en donde se fuerza las posturas, se recurre a las deformaciones o el non finito), culminándose el proceso en su inacabada Pietá Rondanini.
Pietá de la Opera del Duomo

La influencia de toda esta evolución será enorme, e incluso será evidente en pintores consagrados como el propio Rafael, que también derivará a un manierismo deudor de ciertas técnicas miguelangelescas. 

La posterior generación le tendrá como el mayor artista de toda la Historia del Arte, y tanto Broncino, como Pontorno, Tintoretto, el Greco, Berruguete, Juan de Juni seguirán su forma de tratar el arte como una forma de expresión interior. Un siglo después será Bernini quien lo recoja y comience a hacer en donde Miguel Ángel había parado, pasando de la expresión interna al movimiento. También Rubens tomó en cuanta sus anatomías excesivas, e incluso Velázquez copió alguna de sus composiciones. Ya en el siglo XIX será Rodin quien lo recuperará y reinterpretará en obras como el Beso.


1 comentario:

  1. Magnífico análisis, Vicente. Lo guardo para mostrarlo a los alumnos el viernes o lunes, cuando demos a Miguel Ángel escultor. Un abrazo.

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